Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: sábado 20 de julio de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Los debates presidenciales fueron una constante desde las elecciones de 1989. La Asociación de Periodistas de La Paz, la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, la Cámara Boliviana Americana de Comercio y distintas entidades empresariales, académicas y de otro tipo organizaban foros y debates en los que los candidatos a la presidencia intercambiaban ideas y propuestas.
Esos intercambios eran transmitidos por canales de TV y ampliamente destacados por los medios de comunicación y ayudaban a que el ciudadano tuviera más elementos de juicio para emitir su voto.
Esa saludable tradición se suspendió en 2005, el año en que Morales venció las elecciones holgadamente. Jorge Quiroga, el candidato opositor más fuerte ese año, intentó por todos los medios que Morales aceptara debatir. No lo logró.
En los siguientes ciclos electorales Morales mantuvo la misma posición, de rehuir cualquier intercambio de ideas, tal vez con la idea de que ello le podría afectar en el liderazgo que tenía en las encuestas. El argumento siempre fue que él no tenía que debatir con quienes tenían menos votación.
Ni en 2009 ni en 2014 ni ahora en 2019, el candidato del MAS desea participar en reuniones en las que están los otros candidatos. En 2009 y 2014 los candidatos opositores debatieron sin la presencia de los oficialistas.
Esto es, en primer lugar, paradójico: se supone que el candidato más fuerte que hubo en el país en 14 años, y cuya retórica e ideas han encontrado respaldo popular, no debería tener problema para enfrentarse a otros postulantes electoralmente más débiles.
También el caso del vicepresidente García Linera es interesante de analizar. Él asegura ser “más inteligente” y “más preparado” que los opositores (suya es la afamada frase de que la oposición le tiene miedo a su cerebro), pero aun así se niega a cruzar ideas con ellos en un debate. Es tanto lo que se le puede criticar que aunque dice lo contrario, tiene miedo a hacerlo.
Esta situación, además de paradójica, es lamentable. De lo que se trata es que los electores, para definir su voto adecuadamente, puedan tener acceso a la mayor cantidad de información posible. En los países de la región los debates han sido útiles precisamente para ello y, en algunos casos, para que candidatos menores obtengan relevancia pública.
Ahora son Carlos Mesa y Óscar Ortiz los que le demandan debatir a Morales. Y la respuesta ha sido la misma, por parte del MAS: un líder como el Presidente, dicen, solo debate con el pueblo. Como si eso fuera cierto. Este es un rasgo más del autoritarismo que le toca vivir al país.




