Delfín Arias Vargas (*)
Entre el 31 de mayo y este 14 de julio, más de un millón de electores se empadronaron con miras a participar en las elecciones generales del 20 de octubre. A nivel nacional, Santa Cruz fue la región donde mayor cantidad de personas se inscribieron y Argentina el país donde más connacionales se habilitaron para participar en los comicios.
“A comparación de procesos anteriores, en la mayoría de los departamentos no se registraron filas la última jornada de empadronamiento. En ese sentido, queremos destacar especialmente la responsabilidad de la ciudadanía y calificamos como positiva esta respuesta”, resaltó la presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), María Eugenia Choque, citada por el diario El Deber.
Los datos oficiales dados a conocer por el Órgano Electoral Plurinacional (OEP) desvelan que en total se registraron 1.086.179 personas durante el proceso de empadronamiento, de las cuales 990.119 se inscribieron en Bolivia y 96.060 en el exterior.
A nivel nacional, con 305.815 personas empadronadas Santa Cruz es el departamento con mayor número de inscritos, seguido por Cochabamba con 235.102 personas y La Paz con 172.759 empadronados.
Los datos oficiales señalan que 58.212 personas se inscribieron en Tarija, 57.568 en Potosí, 49.227 en Chuquisaca, 47.011 en Beni, 46.338 en Oruro y 18.087 en el departamento de Pando.
Y del total general de inscritos, 447.951 se registraron por primera vez; de este total, 411.587 se inscribieron en Bolivia y 36.364 en el exterior del país.
Mientras que para el referéndum constitucional de 2016 se habían inscrito alrededor de 28 mil electores bolivianos desde otros países, para las elecciones generales de octubre se empadronaron 96.060 personas fuera de Bolivia.
Sin duda, los datos proporcionados por el OEP son una señal por demás elocuente que corrobora el gran respaldo popular del que goza nuestra democracia, y certifica —una vez más— que la decisión soberana e innegociable del pueblo boliviano es convivir bajo el imperio de la ley, bajo el imperio de la democracia.
El masivo empadronamiento de jóvenes que por primera vez emitirán su voto, y de las bolivianas y los bolivianos que —al inscribirse en el padrón electoral— optaron por ser actores fundamentales del proceso democrático que el 10 de octubre cumplirá 37 años de ejercicio ininterrumpido, constituye una vigorosa interpelación a quienes intentan deslegitimar la voluntad popular que emergerá de las urnas el 20 de octubre.
Por lo mismo, es plausible que en la democracia boliviana el ciudadano no limite su papel al ejercicio del sufragio, sino que asuma un rol protagónico, activo y propositivo dentro de la política, tanto a nivel comunitario como regional y nacional.
Y para que esto ocurra es ineludible que primero sea parte de un padrón electoral transparente, confiable y homologado por instancias internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore) y por otras entidades comprometidas con la transparencia y respeto del voto.
Además, queda claro que un proceso electoral totalmente trasparente y verificable debe estar abierto no solo al escrutinio de los participantes políticos en él, sino también a los grupos de interés involucrados en los temas de gobernabilidad y de los observadores internacionales.
De esta manera, uno de los retos de la democracia boliviana, como respuesta al masivo respaldo popular, es crear una sociedad integrada por ciudadanos activos, organizados y preparados para asumir un papel dinámico en la escena política; personas a quienes, desde la propia escuela, se les eduque para participar en este sistema político.
Es decir, básicamente se persiga que el ciudadano se involucre en las decisiones que le afectan, militando en un partido u organización política, proponiendo iniciativas, promoviendo asambleas y debates, pronunciándose a favor o en contra de una u otra medida, así como vigilando y verificando su implementación.
Entonces, la participación mayoritaria de la población en el ejercicio de su derecho constitucional al voto puso la vara muy alta a los políticos, tanto del oficialismo como de la oposición, para que asuman su rol histórico y respondan con transparencia y honestidad política a sus electores.
Y si asumidos el profundo mensaje popular de adhesión a la democracia, no hay lugar para quienes pregonan falaces posiciones políticas y hacen gala de la demagogia, no hay lugar para los impostores que utilizan la política para la fácil descalificación del adversario político, ni quienes desinforman y manipulan la voluntad colectiva.
En la democracia profunda que construimos las y los bolivianos, no hay lugar para políticos que se beneficiaron de los pactos secretos y de la repartija del Estado, no hay lugar para los bastardos que defienden los intereses antinacionales ni para los agoreros y nostálgicos de la enajenación de los recursos naturales y de las empresas estratégicas del Estado, y no hay lugar para los tránsfugas que solo buscan satisfacer sus apetitos personales.
En ese contexto, el profundo mensaje democrático de casi medio millón de nuevos electores es una poderosa llamada de atención a nuestros políticos, ahora obligados a asumir el reto de estar a la altura de sus electores. Más claro, agua.



