Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 17 de julio de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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La lucha electoral en Bolivia está a punto de comenzar. Los principales contendientes –el oficialista y autoritario MAS y la opositora y democrática CC– preparan sus listas de candidatos para el senado y diputaciones bajo la presión de un contexto con adversidades y oportunidades para los dos bandos.
La posibilidad de que la candidatura de Ortiz se derrumbe y que el 10% de este candidato pase a engrosar el voto de Mesa ha generado pánico en el Palacio Quemado. Se informa de intensas y tirantes reuniones en la plaza Murillo, a altas horas de la noche o muy temprano en la madrugada, y de ministros estresados que entran y salen del edificio gubernamental con mandados de urgencia para reunirse con potenciales candidatos al senado y diputados con algún perfil capaz de sumarle votos a un Evo Morales ahora fragilizado.
Evo Morales estaría muy preocupado y comienza –informan desde dentro del Palacio– a maltratar con su mal humor a sus emisarios: la pesadilla para el MAS de que al potencial de voto de Mesa se le sume siquiera un 5% o, peor, el 10% del voto de Ortiz, ronda en el aire.
Primero, es obvio que como la campaña presidencial de Mesa ha comenzado recién a desplegarse es de preverse que de aquí en adelante el potencial de voto a favor de Carlos Mesa comience a escalar desde el más o menos 30% en el que se ha mostrado estacionario en el último año.
Un previsible aumento del voto hasta algo más o menos del 35% para Mesa era de esperarse como efecto normal posible de la campaña que se ha venido preparando para los siguientes tres meses para las condiciones previas de disputa entre los tres binomios previamente relevantes Morales-García, Mesa-Pedraza y Ortiz-Rodríguez.
Sin embargo, ahora que el binomio Ortiz-Rodríguez se ha fracturado, la pesadilla de que Mesa se acerque al 40% o lo supere empieza a atormentar al MAS. Quizá ahora, con el descalabro sufrido por Ortiz, la segunda vuelta sea inevitable en la siempre algo imprevisible Bolivia.
Tan grave parece ser el pánico del MAS que sus estrategas han pasado a poner en marcha todo un operativo para resolverle los problemas a la candidatura de Ortiz. Oscar Ortiz, para el MAS, necesita un candidato vicepresidencial que cubra y remedie inmediatamente el vacío y el daño provocado a la candidatura del MDS (Bolivia Dice No) por la intempestiva renuncia de Rodríguez. Asombrosamente, el MAS ha pasado él mismo a buscar suplir a Ortiz con un candidato vicepresidencial con supuesta capacidad de reemplazar a Rodríguez y apuntalar el esfuerzo electoral del MDS. Así, como quién nada hace, el propio Víctor Borda, actual presidente de la cámara de diputados, pasó en declaraciones de prensa a respaldar a Rafael Quispe como un posible candidato vicepresidencial de reemplazo para Ortiz, luego de que el diputado de UD Wilson Santamaría lanzara, el fin de semana último, a rodar el nombre de Quispe para reemplazar al renunciante Rodríguez y con ello buscar rearmar la desvencijada candidatura del a la sazón muy golpeado Ortiz.
Si Oscar Ortiz le acepta el favor al MAS, quién abiertamente muestra pretender habilitarle un vicepresidenciable como Quispe para remediar su desafortunada situación actual, habrá sin duda hecho un “pacto con el diablo” –un pacto de acuerdo explícito con el MAS– que nada podrá ocultar. Para Rubén Costas y Oscar Ortiz ha llegado, en todo caso, la hora de enfrentar su imagen como opositores al MAS en el espejo de la realidad.




