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Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: miércoles 17 de julio de 2019
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Atrapado en las redes de su propia maniobra, Óscar Ortiz, por seguir la recomendación de Rubén Costas de no pactar, autobloqueó su propia salida y hoy lanza llamadas de socorro para recomponer su candidatura. Ortiz se había enclaustrado voluntariamente confiando en un vuelco mayoritario del voto de centro derecha a su favor. Hizo oídos sordos a quienes le alertaban de la falta de movilización de su electorado, precisamente por la falta de acuerdo con Mesa que garantice el triunfo. Su tacticismo, por el temor como socio pequeño a ser fagocitado, era uno de los obstáculos para pactar sencillamente porque sobrevaloró sus apoyos.
Ortiz sabía, desde el principio, su carencia de viabilidad electoral. No pudiendo con lo minúsculo, prometía lo mayúsculo. Empleó el método de negociación: no hacer concesiones mientras haya margen, de modo que al final tenga que ceder Mesa como la parte supuestamente más débil y necesitada. Ortiz incurría así en una paradoja: si no había consenso para hacer a Mesa presidente, prolongaba el despotismo permitiendo la reelección de Morales para hundir más al país en la corrupción, la ineptitud y el avasallamiento institucional. Era la ética de la irresponsabilidad.
Al hacerse desafiante, garantizaba una candidatura negativa, quitando a los ciudadanos el derecho a la alternancia. Incubó así, un sistema de solidaridades y de disidencias a favor de la única candidatura con opción más coherente. Como consecuencia, las plataformas cruceñas le quitaron su apoyo y las fugas continuarán.
Incapaz de ver que la democracia impone un procedimiento, nunca un resultado, Ortíz despreció un pacto electoral, no de poder, sino de aquello que dé viabilidad gubernativa para dar estabilidad política al Estado, que es de lo que se trata. Si el país no es gobernable, el MAS tendrá un activo para su estrategia política de oposición. Y esto, finalmente, quien lo paga es el propio ciudadano.
Y ocurrió algo imprevisible: Edwin Rodríguez emergió de pronto en la escena política con su renuncia, no en su calidad de desconocido candidato a la vicepresidencia, sino, por su muestra de sensatez, coherencia y responsabilidad con quienes dice representar.
La renuncia de Rodríguez favorece el proyecto de Mesa porque evita la incertidumbre y hace su candidatura más viable para unificar el voto y atraer a la masa de indecisos. Y Mesa está decidido a que nada lo aflija, convencido como está de que la justicia, la oportunidad y la ética están de su lado. Pero no tiene asegurados los números para una investidura convencional. Para asegurar su jugada maestra, Mesa debería atraer al resto de las estériles candidaturas de cara a convertirse en fuerza mayoritaria, con especial incidencia en las elecciones locales y departamentales. Si estas no buscan un pacto, decretarán su fecha de caducidad. Están a tiempo de reflexionar para que se respete la voluntad ciudadana y no se esterilice el objetivo principal.



