Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 15 de julio de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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¿Estamos mejor?, ¿estamos peor? La respuesta no es sencilla, pues aunque se hayan derribado muchas barreras y vencido muchos miedos, los derechos sexuales y reproductivos son aún una quimera para la mayor parte de las sociedades.
Esta reflexión la ha venido haciendo y acompañando hace medio siglo el Unfpa (el Fondo de Naciones Unidas para la Población), que justamente ha cumplido hace unos días 50 años de vida. Esta organización, que es parte del Sistema de NNUU, tiene como mandato “lograr un mundo en el que todos los embarazos sean deseados, todos los partos sean seguros, y todos los jóvenes desarrollen su potencial”. En otras palabras, trabaja para garantizar el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva de calidad, incluida la planificación familiar, para que se puedan tomar decisiones informadas y voluntarias sobre la vida sexual y reproductiva.
Aunque los derechos sexuales y reproductivos han sido definidos como “los más humanos de los derechos”, pues conciernen al ámbito más cercano e íntimo de las personas, la realidad demuestra que su conquista se enfrenta a convenciones sociales, culturales, políticas y hasta económicas muy arraigadas, por ello los pasos que se han ido dando no han sido fáciles y los logros no están del todo consolidados.
En estos 50 años, el Unfpa ha estado presente como actor fundamental de un proceso evolutivo, cambiante, dinámico, que ha transitado de las políticas poblacionales a las políticas de desarrollo social; luego de la planificación familiar a la salud reproductiva; y posteriormente -especialmente desde los 90- de la salud sexual y reproductiva a los derechos sexuales y derechos reproductivos.
Actualmente, los desafíos siguen siendo inmensos. No sólo para lograr que hombres y mujeres gocen, como manda la propia CPE, de sus derechos sexuales y reproductivos, sino para que se entienda la importancia de respetar las decisiones y preferencias de cada ser humano sobre su vida y su cuerpo, y esto tiene que ver, como lo vemos a diario, con una deconstrucción de convenciones que aún están muy distantes de ser posibles para gran parte del planeta.



