Medio: El Día
Fecha de la publicación: lunes 08 de julio de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Ll escenario político electoral boliviano es un tablero de ajedrez multicolor. Ocho binomios capturan poca atención política para las elecciones previstas el 20 de octubre de 2019.
La partida ya empezó, y pese a ello se percibe un clima de letargo nivel nacional. Contribuye a esta situación la escasa claridad de los diversos partidos de oposición que actúan como si estuvieran deambulando en la oscuridad de un laberinto. Esto provoca que confundan al adversario principal.
A este clima colabora también que muchas plataformas juveniles les falta pragmatismo sobre posiciones ideológicas. Porque sus distintos propósitos, aunque coinciden en su rechazo al gobierno nacional y su movimiento político, son parte del desconcierto y esto hace que se distraigan en sus propios laberintos. Estas plataformas tampoco perfilan una corriente mayoritaria, o al menos tendencial para respaldar a algún candidato. Por el contrario, se dejan arrastrar por la ventolera general.
Ahora el candidato a la Presidencia de Bolivia dice No, el senador Oscar Ortiz, acusa a Carlos Mesa de ser el responsable de que no haya unidad en la oposición. Habrá que preguntarle qué pasó con la coalición que estaban negociando para presentar una candidatura unida junto al Frente Unidad Nacional de Doria Medina ¿Será Mesa el responsable también de su fracaso?
Lo más claro de este enredo son los datos de reiteradas encuestas promovidas y publicadas por medios escritos de comunicación, que dan como ganadores en la primera vuelta, unos a Carlos Mesa y Gustavo Pedraza, de Comunidad Ciudadana, y otros, a Evo Morales y Álvaro García, del Movimiento al Socialismo.
Asistimos a un concurso de ensayos de teatro con directores y artistas alineados, que representan bravuconadas. En realidad, se trata de pequeños grupos de personas que hostigan e insultan a Carlos Mesa en las puertas del Comité Cívico de Santa Cruz, tratando de imponer un criterio, entre muchos otros, sobre lo que debió hacerse para que se lograra una respuesta unitaria de la oposición al Gobierno.
Lamentablemente, es una discusión tardía e inviable a la luz de las crecientes diferencias de distintas naturalezas y órdenes que se expresan en esa multicolor oposición. No se trata de agregar sílaba, hay que buscar puntos de convergencias, de acercar posiciones, en fin, de consensuar un programa mínimo donde todos cedan un poco. Si no son capaces deberían buscarse mediadores.
Queda pendiente la confrontación de ideas y propuestas que probablemente expondrán la visión de país y los puntos de vistas respecto al tipo y modelo de desarrollo que propondrán.
En este aspecto, el tema central es convencer con la fuerza del argumento y no con el grito más fuerte. El profesor universitario, escritor y expolítico canadiense, Michael Ignatieff, explica: “para que las democracias funcionen los políticos tienen que respetar las diferencias entre un enemigo y un adversario”, porque “un adversario es alguien a quien quieren derrotar” y “un enemigo es alguien a quien tienes que destruir”.
Carlos Mesa, es un adversario no el enemigo, y sin duda, es quien tiene el mayor potencial en las intenciones de voto para ganar las elecciones, aunque su estrategia política se mueva en otra lógica.
Mesa es un historiador y periodista con un notable equipaje cultural. En cualquier profesión, ser leído es una garantía, claro que eso en Bolivia es un desafío constante.
Se puede cuestionar asuntos sustanciales de su programa, discrepar con él su criterio de un frente único de oposición y sobre otros aspectos, pero sería absurdo negar su formación, especialmente dotado para la dialéctica parlamentaria. Desde este enfoque, no se comprende la estrategia de algunos opositores que se confunden de adversario, más aun si ello contribuye a los propósitos reeleccionistas del movimiento político del actual Gobierno.
Hay que reconocer que en Mesa, las causas para ser un líder de la oposición no se derivan de un voluntarismo político. Están ahí y son claras y coherentes: lo respaldan las encuetas y el sentido común. Claro está, que para la clase política boliviana, el sentido común es el menos común de los sentidos.
El resto de la oposición debe reflexionar y evaluar si realmente vale la pena seguir en la carrera electoral, o unirse al binomio de Carlos Mesa y Gustavo Pedraza, que tienen la opción más clara de ganarle a Evo Morales.
Hay un fin de ciclo, y por lo tanto, quien sustituya a Evo Morales tendrá un enorme desafío económico y político.
Es necesario que los políticos y gobernantes tomen en cuenta que la gente quiere trabajo seguro, salud en hospitales con recursos humanos calificados, escuela en la que se infunda a nuestros hijos el sentido de la superación con libertad, ambiente de paz y sentido de justicia.
Hay muchos otros desafíos importantes que solo pueden ser resueltos por personas que tengan horizontes culturales de libertad, paz y justicia como fundamentos del desarrollo integral.



