Medio: Ahora el Pueblo
Fecha de la publicación: jueves 04 de julio de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Camilo Katari
A raíz de una revelación de dineros para una campaña, cayó el quinto vocero de Carlos Mesa, Diego Ayo, lo que nos lleva a hacer un recuento de cómo maneja su recursos el candidato que aparentemente se muestra como el ‘favorito’ para los opositores.
Recordemos que ya en marzo de 2003, según el periódico El País, Carlos Mesa recibió, en su condición de vicepresidente, información de la Embajada de EEUU referida a un plan de golpe de Estado y otro para asesinar a líderes del MAS, entre ellos Evo Morales.
En octubre de ese año, Carlos Mesa narró que, a nombre del Departamento de Estado, Peter De Shazo lo llamó para decirle que EEUU “no apoyaría, bajo ninguna circunstancia, un eventual gobierno presidido por mí”. La cita se encuentra en página web carlosdmesa.com, bajo el título: “Octubre de 2003. Lo que realmente ocurrió”.
Luego sostuvo una reunión con el embajador de EEUU, David Greenlee. Al día siguiente, la Casa Blanca le dio el sí para que asuma la presidencia de Bolivia. Y en diciembre de 2003, Carlos Mesa solicitó al Congreso que ratifique el convenio de inmunidad para los militares de EEUU ante la Corte Penal Internacional. Y, finalmente, hace algunos días, insistió en la “reanudación plena de relaciones diplomáticas” con EEUU porque Bolivia, según el exmandatario, es un país “pequeño”.
Diez millones de dólares, esa es la cifra que dio el ahora exvocero de Comunidad Ciudadana, como financiamiento disponible para la campaña electoral. No es un delito contar con un financiamiento de campaña electoral, lo extraño de esta declaración es la fuente de su recaudación, que según Diego Ayo, se debe a la realización de quermeses y aportes.
La transparencia como valor social es una de las propuestas del candidato Carlos Mesa, y la población le pide que aclare el origen de sus fondos, debido a que la explicación de Diego Ayo, que a estas alturas ya fue reemplazado en su cargo, no son convincentes y mueven a variadas especulaciones, que perjudican la imagen del candidato.
En estos días de campaña electoral las acciones concretas de los candidatos deben reflejar su pensamiento, respecto a los valores que defiende. Si el candidato pregona valores éticos, su comportamiento cotidiano debe estar adecuado a esos valores; contar de manera repentina con un presupuesto, logrado supuestamente con acciones que nunca se conocieron ni se propagandizaron, como es costumbre, en el caso de recaudaciones.
La figura de Carlos Mesa ha sido muy cuestionada por su ambigüedad en la toma de decisiones, primero en su gestión como presidente del país y luego como posible candidato. A este perfil dubitativo en las decisiones políticas se añaden las imprecisiones respecto al actual modelo económico vigente. Carlos Mesa declara que es un modelo agotado, luego sostiene que algunas cosas están bien y que no las cambiaría.
El panorama mundial es un panorama de crisis global y los mandatarios deben ser personas con decisiones muy bien fundadas y con seguridad en sus actos; no es un mundo para gobernantes tibios en sus decisiones, especialmente en países como el nuestro que está obligado a mantener el crecimiento económico y la superación de la pobreza.
La incapacidad para mantener un movimiento político cohesionado, medianamente democrático en su organización y sobre todo con voceros que logren empatía con la población, señala con mucha lucidez los problemas internos que tiene Carlos Mesa. Comunidad Ciudadana está demostrado es solamente una sigla, porque no ha logrado convertirse en una “comunidad” política, esta particularidad ya fue denunciada por el sociólogo Julio Aliaga a tiempo de abandonar a Carlos Mesa.
Por otra parte, Diego Ayo ha sido muy sincero al aceptar que responde a las políticas de EEUU, difundidas a través de su agencia Usaid. El carácter mercenario de su actuar político ha sido desnudado por el propio Samuel Doria Medina, que lo acusó de haber recibido un salario muy oneroso y que manejó cerca de medio millón de dólares.
Después de conocer estos datos estamos hablando de un cientista social que hace comercio de su conocimiento. Diego Ayo no es un político con un compromiso ideológico, sino un comerciante. ¿Podemos confiar en estos personajes que se presentan como renovación y cambio?



