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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: viernes 28 de junio de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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El acarreo de potenciales votantes en el norte del país, el empadronamiento obligatorio a funcionarios de empresas eléctricas, la oferta descarada de obras a cambio de votos y las amenazas contra los opositores son parte de este panorama tóxico para la democracia.
En medio de esas irregularidades, la amenaza de envenenar a los opositores que se atrevan a hacer campaña política en la región del Norte de Potosí es lo que más indignación ha causado en los últimos días.
“En esta nuestra tierra de Tomás Katari hay kataris malos (que) no van a permitir a los partidos neoliberales entrar aquí. Si van a entrar a la tierra de Tomás Katari, en español dicen víbora, ¿la víbora qué hace?, envenena. Estos kataris van a envenenar a los q’aras (blancos)”, dijo el dirigente de la zona, Ever Rojas, nada más y nada menos que en presencia del presidente Evo Morales y de la presidenta del Senado, Adriana Salvatierra.
Por si quedaban dudas del sentido mortífero del mensaje, remató con un “¡wañuchun q’aras” (mueran los blancos). Y, llamó a emitir un “voto cerrado” (del 100%) en favor de Evo Morales.
El dirigente incurrió en apología del delito porque abiertamente amenazó con asesinar personas y con coartar el derecho a la libre circulación. No sólo eso, sino que violó los reglamentos electorales al pedir el voto, algo que se podrá hacer sólo desde 30 días previos a las elecciones.
Pese a la evidencia, el TSE se limitó a rechazar verbalmente la advertencia, pero no tomó acciones en ningún sentido. Un caso así ya debería estar en manos de la Fiscalía a pedido del TSE.
La amenaza ha provocado el rechazo airado de los opositores y una tibia reacción en el oficialismo. El presidente de Diputados, Víctor Borda, trató de despistar al país diciendo que en realidad el dirigente Rojas había denunciando el envenenamiento ideológico de los opositores en la región. El ministro de Comunicación, Manuel Canelas, rechazó la declaración. Y, pare de contar. Por si fuera poco, un dirigente chuquisaqueño trató de justificar el exabrupto indicando que es parte de los usos y costumbres de la región.



