Medio: El Deber
Fecha de la publicación: martes 28 de mayo de 2019
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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El jueves, el
Comité pro Santa Cruz convocó a una reunión a sus pares y a políticos
nacionales, con una agenda que giró sobre dos puntos: el pedido de
renuncia de los vocales del Tribunal Supremo Electoral y la unidad de
los candidatos de la oposición para que presenten una sola fórmula y que
no dispersen el voto. El primer tópico tuvo consenso, mientras que el
segundo fue un fracaso, tanto por actitudes, como por declaraciones y
conductas evidenciadas fuera de la sede cívica.
Los resultados del encuentro pusieron en evidencia que hay muchas iniciativas, pero no se ve una estrategia para lograr el objetivo de que se respete el voto del 21-F. Si bien existe una demanda de cambiar a los vocales del TSE, parece no haberse tomado en cuenta que faltan cinco meses para los comicios y que la elección de nuevos miembros de ese órgano nacional tomará al menos tres meses, los cuales pueden ser una eternidad en el volátil clima político nacional. ¿Es eso lo que se busca? ¿Saben los cívicos y los políticos si esta propuesta es más o menos conveniente para sus fines o si, en cambio, favorecerá al oficialismo?Al fijar esa meta, ¿están convencidas de que pueden alcanzar un triunfo político o se lanzan sin saber el resultado?
Por otro lado, existe una demanda (incluso con agresiones al candidato de Comunidad Ciudadana) para que haya un solo candidato de la oposición. Los postulantes mejor ubicados en las encuestas no están de acuerdo y se muestran como agua y aceite: Óscar Ortiz y Carlos Mesa no quieren trabajar juntos; es más, se atacan mutuamente y, en su afán de disputar el segundo lugar, extraviaron el objetivo de reivindicar el 21-F. Por otro lado, quienes saben de encuestas indican que el apoyo que suma cada uno, difícilmente pasará al otro. Y estas contradicciones ponen, una vez más, en evidencia que no hay una estrategia sino acciones desordenadas que confunden y decepcionan al electorado.
En la vereda del frente, el MAS y sus candidatos tienen claro su objetivo: ganar las elecciones en primera vuelta para conservar el poder. Sus pasos reflejan una estrategia clara para lograrlo. Esto les da ventaja frente a una oposición que luce extraviada y carente de creatividad para encarar una campaña difícil y compleja. Paradójicamente, es la primera elección que pueden ganar los opositores, después de casi 14 años de hegemonía masista.
Es incomprensible entonces que exista tanta divagación y escasa sensatez con miras al objetivo principal. En tanto, los ciudadanos van sumando frustración. La convocatoria fue lanzada, los partidos en carrera son protagonistas y, si no reaccionan a tiempo, pueden estar cavando su propia tumba política.



