Medio: El Deber
Fecha de la publicación: miércoles 22 de mayo de 2019
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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xEl secretario de la OEA se extralimitó. Su trato
con opositores fue hasta belicoso y con adjetivaciones. En segundo
lugar, sus elogios al régimen gobernante fueron excesivos, lo contrario
de la esperada imparcialidad de un funcionario internacional. En tercer
lugar, visitó Chapare, un lugar señalado por las Naciones Unidas como
área productora de coca destinada a la cocaína en un 90%, tal como cursa
en informes alusivos. Presentarse allí con guirnaldas de coca, masticar
coca y tomar infusiones de la misma hoja ha sido negativo.
Y eso no lo calificamos nosotros, sí lo hacen la Organización Mundial de la Salud y el Comité Olímpico Internacional, para quienes dichos actos representan consumo –pequeño, pero consumo al finde estupefacientes. Otro elemento descalificador fue su declaración sobre la cuarta reelección consecutiva: “Hemos dicho con claridad, sobre el tema específico de la reelección, que, si el tema se va a resolver en el sistema interamericano, decir que Evo Morales no puede participar hoy, sería absolutamente discriminatorio con los otros presidentes que han participado con pronunciamientos judiciales”.
En otras palabras, más vale seguir la falacia del “derecho humano” que Arias en Costa Rica, Ortega en Nicaragua, Hernández en Honduras, ya usaron para ser reelegidos mediante dictámenes de tribunales complacientes.
Al margen de la suprema voluntad popular del referéndum de 2016, esas palabras descalificaron a Almagro aún más ¡Pobrecitos los candidatos del MAS! Si no participan se los “discriminaría” frente a los que ya usaron idéntica componenda... El sistema interamericano necesita una total reestructuración, incluyendo las incompetentes Comisiones y Corte de DDHH que no sirven casi para nada; se dedican a pequeñeces para justificar salarios y pomposidades ridículas.
Almagro es la cabeza de ese inepto aparato y debe irse. Esta vez, el Consejo Permanente de la OEA tendrá que dotarse de visión estratégica si se quiere conservar algo de credibilidad para un organismo que alguna vez Fidel Castro llamó “cadáver insepulto”. Urge recrear un ente hemisférico que funcione con probidad y con profundo respeto por la Carta Democrática Interamericana.



