Medio: El Deber
Fecha de la publicación: viernes 17 de mayo de 2019
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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Contenido
Una famosa revista brasileña, en más de una ocasión, hizo extensas publicaciones sobre el tráfico de drogas del Gobierno boliviano. Los aludidos se rasgaron las vestiduras, pero nunca dieron una sola idea en su defensa. No contaron del origen de esas informaciones, del origen de su interpretación, de por qué no son creíbles, o por qué sí lo son. Dicen que después del último reportaje encomendaron a nuestro embajador que llevara a juicio a la revista. Nunca llegó el juicio. Tampoco publicaron los argumentos que tenían para demostrar a los jueces que todo era falso. Nunca desmontaron el andamiaje publicado.
¿Por qué tan llamativo silencio? Si tienen algo a su favor, ¿por qué callan? ¿O no hay respuesta? ¿Por qué no lo dicen? Aseguran que son inventos del imperio ¿Por qué no ofrecen entonces pruebas de su conducta intachable, de la coherencia de sus actos? ¿Por qué no arman una defensa sólida, irrefutable? Su silencio pudiera entenderse como confesión de culpabilidad, o que no les conviene jochear más el avispero. Muestran poco respeto por su prestigio y menos respeto aún por la dignidad manchada de toda la población.
La guinda de la torta son los escándalos policiales de grandes operaciones delincuenciales. Los han pillado manejando contratos y orgías de la droga a los más altos niveles internacionales. Ninguna autoridad ha abordado el tema con altura. Nadie ha explicado por qué seleccionaron precisamente a esos señores para los más delicados cargos. Nadie se ha molestado en demostrarnos que no fue esa habilidad, ni que fueron esos nexos los que hicieron de estos personajes los expertos que buscaban ¿O esperan que el tiempo los auxilie con el olvido?
No tenemos por qué vivir en la duda, ni en la desconfianza. No tenemos por qué pasar vergüenza por la imagen que se muestra de nuestra patria. No tenemos por qué lamentar el Gobierno que nuestra gente eligió. Necesitamos mirar al mundo de frente y necesitamos mirarnos de frente entre nosotros.
Sabemos que a los cultivadores de la hoja de coca les conviene la producción de cocaína. Gracias a ella su producto vale más que el oro. Pero nos encantaría saber que nuestras autoridades están para servir al país, antes que para atender los intereses cocaleros.



