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Medio: Correo del Sur
Fecha de la publicación: miércoles 15 de mayo de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Este contexto –esto dice el autor en su compilación de ensayos escritos entre 2016 y 2018– “cuestiona el Estado Plurinacional sin realizar ningún análisis sobre sus características y negando, por consecuencia lógica, al sujeto campesino indígena que constituye el eje del diseño estatal” (pág.148).
En lo nuclear, el riesgo de crisis de representación política de Mayorga se resume en la centralidad de los partidos políticos que, al mismo tiempo, se encuentran sumidos entre dos concepciones opuestas de democracia: igualdad y justicia, por el lado del MAS, y respeto a la institucionalidad y el voto, por parte de la oposición, en su conjunto. Pero, ¿son las condiciones para establecer un “riesgo de crisis de representación política”? ¿Qué tanto explica la centralidad de los partidos políticos, o sea, de la representación política en la nueva Ley de Organizaciones Políticas, al riesgo de crisis de representación política? ¿Es verdad que la institucionalización de los partidos políticos bolivianos deviene en una distancia entre representantes y sociedad?
Además de la “centralidad” de los partidos políticos, Mayorga no demuestra otros argumentos para el “riesgo de crisis de representación política”, siendo que hablar sobre representación política debería tomar en cuenta otros factores (por ejemplo, la rendición de cuentas, mecanismos de control o la generación de pactos y consensos entre representantes y representados). De haber sido así –y digamos que yo no hago una lectura correcta de lo que Mayorga escribe– el autor tampoco considera que en esta relación entre representantes y representados se encuentran problemas, como la forma en que se elige a los representantes (una relación más fluida entre ambas partes se da en tanto los intereses de los electores estén mejor delimitados, por ejemplo, para dirigentes sindicales en el MAS esta es fuente de legitimidad, pero para representantes de clase media, que es más o menos amplia y siempre dispersa, los flujos de información y poder son una pesadilla), el grado de autonomía que adquieren los representantes frente a los electores (que podría llevar a la formación de élites dentro de los partidos políticos en lo que respecta a tomar decisiones), los puntos de deliberación de los electores (la mayoría simple para diputados uninominales genera poca legitimidad para los representantes en Bolivia, pero además las redes sociales minan el poder de la opinión pública, lo que no es siempre tomado por los representantes) y, por último, la información, en el sentido que hay una relación asimétrica entre quienes tienen acceso a información –y por tanto, decisiones– que son los representantes, frente al electorado.
En suma, cuando Mayorga describe un “riesgo de crisis de representación política” no hace más que describir el funcionamiento de un sistema de partidos liberal, fundado en la democracia representativa y democracia participativa. No nos indica cuáles son los indicios de ese riesgo de crisis, y se concentra en la centralidad de los partidos políticos en la nueva Ley de Organizaciones Políticas. Mayorga dice, en otra entrevista, esta vez para el diario El Deber, que “habrá un cambio y no será negativo para la democracia, sino al contrario” y se concentra en que el sistema de partidos va a cambiar de un “partido predominante” a uno con dos o tres partidos disputando el centro. Entonces, ¿riesgo de crisis o no? En todo caso, Mayorga no profundiza en lo que quiere decir; su análisis parece más la descripción de las características de un sistema.



