Medio: El Potosí
Fecha de la publicación: lunes 06 de mayo de 2019
Categoría: Institucional
Subcategoría: Tribunal Supremo Electoral (TSE)
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Cuando se escucha lo que sucede en Venezuela, los últimos días, viene a la memoria cómo se construyó el poder del cual gozan las actuales autoridades de ese país, que en un principio se adhirieron a las reglas de la democracia y ganaron elecciones de forma transparente. Votaciones que luego fueron recurrentes y en cada una de ellas había injerencia del árbitro de las mismas. Controladas las instituciones, los caminos de la democracia no fueron los mismos. Se abrieron sendas y se las usó para quitar atribuciones a las instancias que no le respondían. Esa degradación es parte esencial de los problemas actuales.
En nuestro país, las autoridades del MAS, del actual gobierno, son seguidores de esa línea y no lo ocultan. Están en su derecho así como los ciudadanos estamos en nuestro derecho de compartir o no su visión y —además— en la obligación de hacer comparaciones de una y otra realidad.
Bolivia está en un proceso electoral. Formalmente no se largó la campaña, aunque el oficialismo ya está en ella gracias a que corre con la ventaja de ejercer el poder y con el silencio de quienes deben vigilar que se cumpla la ley.
Muchas señales nos indican que las sendas y la forma de construirlas, usadas en Venezuela, podrían aplicarse en nuestro proceso electoral, con las variantes que se acomoden a nuestro sistema, nuestro padrón electoral, voto en el exterior y empadronamiento de nuevos votantes.
Hasta hace unos días, era noticia todo lo que sucedía en el edificio del Tribunal Supremo Electoral (TSE). No hablamos de poca cosa. Hay renuncias de nivel superior cubiertas de forma eficiente. También se fueron, por destitución o renuncias, 59 profesionales de ese Órgano. Y son áreas claves en aquello llamado transparencia electoral.
Es muy llamativo que haya tantas renuncias de funcionarios formados en un área en la que no encontrarán trabajo pues el sistema electoral es cerrado. Y es muy probable que no se sepa por qué dejaron su cargo, por lo menos hasta que haya cambio de gobierno.
A lo anterior debemos agregar la carta de alerta de deficiencias en el TSE redactada por su vicepresidente, Antonio Costas. En una sociedad estructurada, esto no debería asustar; por el contrario, sería un mecanismo para que se corrija las fallas, si existiesen.
No se puede obviar que las autoridades del ente electoral hayan definido en qué países se trabajará en primera instancia, y que casualidad que uno de ellos sea la Argentina donde el presidente Morales viajó en los últimos meses. Por supuesto, aprovechó la oportunidad para reunirse con los bolivianos que residen allí.
Si las noticias sobre actos de corrupción enervan los ánimos, esto del sistema electoral tendría que ser motivo de crisis nerviosa. Si las inervaciones de la potencial corrupción electoral se ponen en funcionamiento, la voluntad popular se verá irrespetada y con ello se ingresaría a un proceso de mayor concentración del poder; lo que podría llevar a escenarios como los de Venezuela.
¿Por qué no se incide en esto?



