Medio: El Deber
Fecha de la publicación: miércoles 17 de abril de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Para ilustrar mejor, entre Tuto Quiroga (Podemos), M. Nagatani (MNR) y Doria Medina (UN) conquistaron el 42,9 % de electores en 2005. Entre Reyes Villa (PPB-CN) y Doria Medina (UN-CP), el 32, 2% en 2009. Entre Tuto Quiroga (PDC) y Samuel Doria Medina (UD), el 33, 27% en 2014. Mesa y Ortiz son los mejor posicionados del campo opositor en la intención de votos y juntos suman casi el 40%, un porcentaje muy aproximado a los resultados del 2005.
Ortiz señalo que “la unidad no se la construye desde un sofá ni desde Twitter” y “que es el pasado que quiere volver”, en clara alusión a Mesa; por su parte, la respuesta de los operadores del candidato de Comunidad Ciudadana fue que la “gente se da cuenta de la guerra sucia electoral” y que “Oscar Ortiz es el mejor instrumento de Evo Morales. En esta disputa discursiva se puede entender cómo una batalla busca ganar el voto histórico pro-candidatos opositores.
Ahora bien, tomando como referencia el padrón electoral del 2014, para las elecciones del 2019, casi el 40% será de votos jóvenes, lo que supone un factor de desequilibrio (EL DEBER, 7 enero, 2019), porque no constituyen esa masa de votantes históricos pro-candidatos opositores y del voto duro del MAS.
Más aún cuando las redes sociales son un espacio público de interacción discursiva no recomendable para que los candidatos desplieguen sus estrategias de campaña, porque son lugares donde se proyecta la indignación compartida (Cansino, 2017), los resultados electorales de octubre del 2019 tienden a la incertidumbre.
La disputa discursiva entre Mesa y Ortiz es de mirada corta porque es una lucha intrafamiliar – por el mismo nicho electoral- que les está quitando velocidad en el tiempo pre-electoral, mientras tanto el oficialismo cada día pisa más fuerte el acelerador.



