Medio: El Potosí
Fecha de la publicación: miércoles 08 de noviembre de 2017
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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EDITORIAL
La ceguera del poder
Provoca desazón que el Primer Mandatario vaya perdiendo el olfato político que lo encumbró en el poder. Sus últimas intervenciones respecto a su deseo de postular una vez más a la Presidencia de manera continua y las denuncias de corrupción, provocan esa sensación pues, con matices, son bastante parecidas a las que argüían los representantes del sistema político-partidario derrotado en 2003 sobre los mismos temas.
Probablemente como consecuencia de la influencia de su entorno más íntimo, los actuales gobernantes se olvidan que una nueva postulación presidencial está taxativamente prohibida en la Constitución Política del Estado (CPE) por ellos mismos impulsada. Ya hemos citado en reiteradas oportunidades el artículo 168 que dispone que sólo es posible una repostulación continua de los primeros mandatarios. A ese artículo se suma el resultado del referendo de 21 de febrero de 2016, convocado por el MAS para modificar ese artículo, propuesta que fue rechazada por mayoría absoluta. A ambos hechos se puede sumar diversas encuestas de opinión en las que en forma coincidente la mayoría de los consultados se opone a una nueva candidatura del actual Presidente.
Empero, nada, lamentablemente, parece conmoverlos e insisten en volver a postular al Presidente porque esos entornos íntimos están convencidos de que sólo una eventual candidatura del Presidente del Estado les abre la posibilidad de mantenerse en el goce del poder y, para ello, están dispuestos a sacrificarlo y, además, sacrificar el proyecto político con el que el MAS obtuvo el apoyo popular para acceder al poder.
Paralelamente, alarma la reacción presidencial frente a la sucesión de denuncias de corrupción en el gobierno, tratando de minimizar los ilegales actos y de acusar a la Embajada de EEUU y la “derecha” de estar en actividades conspirativas. Con esta posición, no sólo que se blinda el reino de la impunidad, sino que también se corroe la legitimidad del propio gobierno. Cualquiera sea el interés, lo cierto es que hay corrupción y ésta se está generalizando, y no asumir esta realidad provoca profundos sentimientos de impotencia y frustración, pues se repite, como en otros episodios de nuestra historia, el uso prebendal del poder.
El rechazo de la gente a las marchas organizadas por el oficialismo para pedir la repostulación del Presidente, que se tradujo en diversos tipos de interpelación, debería ser correctamente estudiada por el Primer Mandatario.
En definitiva, el ejercicio del poder, si no hay una democrática supervisión, termina por enceguecer a quienes lo ejercen.