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Medio: El Día
Fecha de la publicación: viernes 29 de marzo de 2019
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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Sobreviviendo en el populismo cocalero
La prueba del pudín está en comerlo, decía Federico Engels y tuvo la buena suerte de morirse antes para no llegar a comer el comunismo soviético.
El populismo está de moda; en distintas partes del mundo aparecen líderes con discursos demagógicos radicalizados quienes se asumen como representantes del pueblo y proclaman combatir a élites contrarias a los intereses nacionales. Más que una ideología el populismo es un discurso y una pose, una modalidad de ejercer el poder engatusando al pueblo y ahora lo hacen, no con revoluciones, sino utilizando una modalidad electoral apañada.
El populismo como todo discurso demagógico incluye contenidos incluso antagónicos, como las ideas de izquierda o de derecha, pero manteniendo su verdadera esencia, la demagogia. En la política latinoamericana podemos ver con toda claridad estos patrones del populismo: sistemas autoritarios, personajes carismáticos, caudillismo, clientelismo, valores anticapitalistas, símbolos nacionalistas, el antiimperialismo como el necesario enemigo externo y permanentes campañas políticas que exaltan a las masas, al pueblo, usando demagógicamente a los pobres y los indígenas.
En Bolivia gobiernan los cocaleros castrochavistas, que aplican la receta del populismo cuyos ingredientes son los de siempre, y como producto del mismo ha producido instituciones frágiles, inseguridad jurídica y una masiva burocracia gubernamental ineficiente y corrupta; un fuerte estatismo reflejado en empresas gubernamentales ineficientes y deficitarias y un agresivo sistema corporativista que maneja la economía informal, basado en la coca, el narcotráfico, el contrabando y el cuentapropismo de baja calificación técnica.
En estos trece años los masistas con el gas que recibieron de regalo y los buenos precios del mercado internacional, tuvieron los ingresos suficientes para transformar nuestra economía de país exportador de materias primas a un país de agricultura moderna e industria y servicios competitivos, pero eso es pedir peras al olmo o responsabilidad al populista.
Generalmente se caracteriza al populismo como una manera de ver y de hacer política, que describe a la sociedad como una entidad dividida en dos grupos: el pueblo, cuya voluntad debe ser (para el discurso) respetada y una elite que ignora esa voluntad popular y oprime a la gente, por lo que hay que destruirlos.
Este modelo entrará en aguda crisis en Bolivia, cuando los países vecinos decidan verdaderamente frenar el circuito de la cocaína. Y algo aún más preocupante; varios analistas señalan que la caída del régimen venezolano impulsara a los cárteles y grupos del narcotráfico y narcoguerrilleros de las FARC y ELN que pululan en ese país a migrar hacia nuevos espacios de trabajo y uno de estos es nuestro país.
Una receta para sobrevivir en los países del Socialismo Siglo XXI es: en Cuba, Fe (familiares en el exterior), en Bolivia (patente cocalera) y Venezuela, ni con dólares. Pero nadie escarmienta con experiencia ajena, dice el refrán, por eso acabamos cometiendo los mismos errores y tropezando con la misma piedra, los mismos políticos, los mismos demagogos, aunque sería mejor si nos libráramos de ellos a tiempo, antes que hagan más desastres que luego con mucho sacrificio habrá que arreglar.



