Medio: Opinión
Fecha de la publicación: lunes 25 de marzo de 2019
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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La lógica de dominación del poder que predomina en estos gobiernos es de anomia total, una especie de dislocación entre lo que se prescribe como obligatorio y fundamental para la convivencia y la praxis interesada que no se rige a ninguna lógica y menos a valores éticos ni morales.
Ese tipo de acción y comportamiento no se hace guardando formalismo alguno, al contrario, se proclama a los cuatro vientos: será ilegal, pero yo lo meto igual.
La semana que precede se ha caracterizado por hechos que demuestran palmariamente tales situaciones. La Constitución Política del Estado, aprobada cuartelariamente, según se recuerde, proclama y establece derechos indígenas originarios, a más de sus dos primeros artículos rimbombantes. Existe todo un capítulo dedicado a los Derechos de las Naciones y Pueblos Indígena originario Campesino, en el que se hace constar su existencia libre, la propia identidad, la potestad de autodeterminación, dominio territorial y su consiguiente titulación colectiva, así como también el derecho a ser consultados mediante procedimientos adecuados cada vez que se tomen acciones que puedan afectarles. No obstante esas consagraciones constitucionales, toda un nación preincaica, como la Qhara Qhara, que reclama titulación colectiva de tierras comunitarias de origen, es invisibilizada en sus demandas legítimas, condenada en su forma de protesta y estigmatizada como instrumento oscuro de alguna organización no gubernamental. La razón para este desprecio no es otra que tales tierras, en este periodo electoral, serán dispuestas en favor de sindicatos afines al Gobierno. Quienes se autoproclamaron defensores de las naciones originarias y fijaron tales postulados en el orden interno como internacional, hoy en la práctica constituyen la negación de todos esos derechos invocados.
Otra demostración de anomia hecha pública la encontramos en las palabras del segundo hombre del MAS, expresadas en Chulumani, mostrando su satisfacción al constatar la cantidad de vehículos que existen en dicha zona: “Todos tienen su carrito, chuto no importa, pero tienen su carrito para sacar sus productos, esto es gracias a que mejoró el precio de la coca”. Si tales afirmaciones no son, cuando menos, apología de un delito, ¿cómo podrían ser catalogadas?
Una tercera anomia, esta vez una especie de puñalada en el corazón mismo de los bolivianos que produce dolor profundo tanto como en 1879 o 1904, tiene relación con los actos de este 23 de marzo, cinco meses después del proceso de La Haya, cuyo fallo ampliamente desfavorable y las razones del mismo no han merecido explicación alguna por parte del Gobierno.
Ante el desprecio oficial, parece que estamos condenados a repetir constantemente aquellos versos del vate mayúsculo Oscar Cerruto: “Mi patria tiene montañas, no mar./Olas de trigo y trigales, no mar./Espuma azul los pinares, no mar./Cielos de esmalte fundido, no mar./Y el coro ronco del viento sin mar”.



