Medio: Ahora el Pueblo
Fecha de la publicación: domingo 24 de marzo de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Luego también pudimos escuchar en una entrevista un duelo entre Mario Espinoza y el propio Víctor Hugo Cárdenas, cuando se trataron de “viejos amigos”, pero en medio de su intercambio se llevaron acusaciones de los muertos en las gestiones de Gonzalo Sánchez de Lozada.
Está claro que de toda esa “entrevista” lo que se puede rescatar es la afirmación que hace primero, Espinoza que confirma que “sería un privilegio trabajar para Carlos (Mesa)”, y del otro que estuvo con quien se cargó otro tanto de muertos en su gobierno junto a Goni y no lo negó.
En el tema de las “armas”, para Cárdenas, la justificación está únicamente en que el portar armas de fuego conlleva un efecto disuasorio que podría contribuir a combatir las agresiones por cuestiones de género. Sin embargo, tal afirmación carece de sustento teórico o empírico. De hecho, se ha demostrado ampliamente que lejos de contribuir a reducir los crímenes, su empleo potencia la violencia de manera abierta.
La naturaleza humana es muy compleja, no cabe duda. Hoy vemos a uno de los ideólogos del katarismo convertido en creyente fundamentalista y adorador del libre mercado. El giro colonizador que dio al aceptar ser vicepresidente de un neoliberal lo cambió para siempre, por eso se afana con propuestas como las que nos presenta.
Es conocida la historia de la traición de Víctor Hugo Cárdenas a las corrientes kataristas que se juntaron para presentar su candidatura a la presidencia en las elecciones de 1993.
Luego de realizar el juramento de encabezar la unidad de las corrientes kataristas, Víctor Hugo Cárdenas sorpresivamente se presentó junto a Gonzalo Sánchez de Lozada, seguramente en sus cálculos estuvo la incorporación de los kataristas al proyecto neoliberal del MNR; algunos kataristas sí se fueron detrás del MNR, pero la mayoría no salía del asombro de la traición.
No vale la pena tomar en serio las palabras de Cárdenas haciendo apología heroica de la gestión de Sánchez de Lozada y su triste papel como su operador “popular”; baste recordar los actos represivos en contra de las legítimas reivindicaciones de las organizaciones sociales movilizadas.
Esa aproximación al neoliberalismo terminó en lo que hoy vemos, un radicalismo fundamentalista que reproduce los discursos coloniales de la religión católica, de los valores coloniales que supuestamente pensaba superarlos en su época katarista.
Es triste ver el final de hombres que en su tiempo crearon una atmósfera de cambio, de lucha anticolonial. Es triste ver esa doble recolonización; ¿los motivos? Pensamos que solamente se debe a las ambiciones naturales en personas que no pueden convivir con sus fantasmas del pasado y tienen que mostrarse tal como son.
Cárdenas es un hombre que siempre buscó estar en la vanguardia del pensamiento intelectual, del conocimiento denominado científico; hoy simplemente expresa el dogma fundamentalista de la religión y en esa medida es anticientífico y retrógrado, nos plantea volver al siglo tercero de la civilización eurocéntrica.
¿Cómo aceptar a un candidato que quiere llevarnos 18 siglos atrás? A muchos años antes que Pizarro haga prisionero al inca Atahuallpa e imponga la cruz y la espada como símbolos de poder.
Será el pueblo ahora el que se ocupe de poner las cosas en su debido lugar y definitivamente acabe con los resabios coloniales, y le diga que esa propuesta de las armas encenderá la chispa, como la que encendió su jefe Goni para que el pueblo se levante en 2003.



