Medio: La Razón
Fecha de la publicación: miércoles 06 de marzo de 2019
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Una mirada más convincente debe considerar seriamente el peso específico de las pulsiones y los afectos en el juego del poder, particularmente deberá prestar atención a los vínculos emocionales que se trenzan entre los representados y los representantes, y que permiten constituir bloques sociales con aspiraciones hegemónicas.
Los sujetos políticos no son entes absolutamente racionales que actúan según una lógica racional que ajusta constantemente los fines y los medios de acción política. Los lazos afectivos y libidinales parecen jugar un rol importante en la identificación de las masas con el líder sobre todo en los fenómenos de naturaleza populista, tensionados en torno a la oposición entre amigos y enemigos como es el caso de Evo Morales.
Estos vínculos tienen su basamento en la representatividad, entendida ésta como la “equivalencia” o “semejanza” entre los candidatos y sus bases electorales. La representatividad facilita una identificación fuerte con el líder, a pesar de la incoherencia y la poca racionalidad de su discurso. Esta idea probablemente nos puede ayudar a comprender el liderazgo del presidente Morales.
Sin embargo, el filósofo francés Fréderic Lordon, gran lector de Spinoza, nos ha recordado que los afectos son decisivos para comunicar ideas, más allá del origen social o étnico de los líderes. Las ideas son convincentes cuando están envueltas en afectos y emociones, son “ideas afectantes” que pueden ser decisivas en la formación de un bloque electoral.
Los discursos no significan nada cuando prescinden de las emociones; en realidad, afectos e ideas deben juntarse para construir las subjetividades de los actores políticos. Es decir, fundamentar una estrategia electoral solamente en el discurso racional puede ser tan equivocado como concentrarse exclusivamente en las emociones y en los rencores de los candidatos.
Lo propio ocurre con la adhesión de la gente a la democracia. De acuerdo con Richard Rorty, el apego de los ciudadanos a la democracia y sus instituciones no está sustentado exclusivamente en supuestos racionales, es también el resultado de una identificación emocional con ese sistema, es un compromiso cotidiano que se expresa en la toma de la palabra y en la acción política. Por el contrario, la desafección con la democracia se robustece cuando perdemos nuestras capacidades para identificarnos con ella y nos perdemos en el descreimiento y el escepticismo.
* Sociólogo



