Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 24 de febrero de 2019
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Marco Antonio Saavedra Mogro Politólogo y docente de la UMSA.
Para una adecuada comprensión de las primarias impregnadas de cesarismo es necesario definirlo. El cesarismo es una manera de explicar las relaciones entre política y voluntad popular; como régimen de excepción se diferenció de la dictadura comisarial romana cuando los generales romanos Lucio Cornelio Sila y Cayo Julio César se hicieron del poder inconstitucionalmente y establecieron dictaduras con poder permanente.
El moderno cesarismo, aunque no implica necesariamente la dictadura, abre paso a la llegada del líder que goza de la confianza de las masas, concentra la política en su persona y su gabinete y se autoatribuye poderes salvíficos.
Poulantzas indicaba que la legitimación contemporánea se basa en técnicas plebiscitarias y manipulativas funcionales al estatismo autoritario. La exhumación del cesarismo permite analizar el empleo de plebiscitos, referendos o primarias rígidamente controlados desde arriba para la continuidad del Estado autoritario.
El MAS intentó legitimar su continuismo con un referéndum el 21 de febrero de 2016, pero ante su derrota con el No promovió la aprobación de primarias para validar la confianza en Evo Morales mediante el aparato estatal para luego reconciliarse con el electorado y conciliar con las fracciones clave de las clases dominantes.
La Ley 1096 de Organizaciones Políticas (LOP) instituyó en su artículo 29 Elecciones Primarias de Candidaturas del Binomio Presidencial, insertando figuras raras como el adelantamiento del proceso electoral primario, esa de que los partidos y alianzas pueden inscribir uno o más binomios, que el binomio puede ser elegido por mayoría simple de votos de su militancia y que los resultados de la elección de candidaturas del binomio presidencial son vinculantes y de cumplimiento obligatorio, siendo la muerte o enfermedad gravísima sobreviniente las únicas causales de reversión del carácter vinculante.
Seguidamente, el Tribunal Supremo Electoral mediante Resolución TSE-RSP No 0494/2018 lanza la “Convocatoria a las Elecciones Primarias de Candidaturas de los Binomios Presidenciales para las Elecciones Generales 2019” para el día domingo 27 de enero de 2019. Como es sabido, fueron nueve las organizaciones políticas con personería jurídica vigente que participaron en las elecciones primarias para elegir binomios a la presidencia y vicepresidencia únicos.
El desacreditado tribunal publica los resultados de la votación de los siete partidos y dos alianzas donde las dos fuerzas principales muestran estos datos: el MAS, de un padrón de 991.092 habilitados, tiene un voto válido de militantes de 406.065 (45.51%), CC de 88.122 habilitados un voto válido de militantes de 4.008 (5.63%).
Los resultados de las primarias han dejado más dudas que certezas sobre la democracia interna de los partidos políticos resucitados con la LOP. La autocomprensión de los resultados de las primarias le hace ver a la cúpula del MAS como un triunfo de la cantidad en apoyo a Evo Morales. Sin embargo, sumados la abstención, el voto nulo y blanco llegan a 585.027.
La participación de la militancia de las restantes ocho organizaciones oscila entre el 5% y 6% (el promedio de voto nulo y blanco de las nueve organizaciones en las elecciones primarias va del 9% al 35%) mientras que CC asegura que su decisión de no votar llegó al 95% de sus militantes.
Los opositores (quienes también caen en el juego de la cantidad) argumentan que el 60% de los militantes del partido mayoritario le dijo no a su binomio.
Las primarias no son un problema de cantidad de militantes, ni de recursos erogados, se trata de un achicamiento ciudadano hasta convertirlo en una especie de cenicienta y de un agrandamiento artificial de unos enanos partidarios.
Es un monopolio sin competidores que garantiza el triunfo del jefe partidario con procedimientos que hacen imposible que pierda. Estas primarias impregnadas de cesarismo deben ser entendidas de dos formas:
a) La del jefe carismático que legaliza un binomio inconstitucional en el MAS destruyendo la militancia activa y la igualdad entre los militantes en la toma de decisiones y, b) el de los pequeños señores de rostro amable, necesitados de tener subalternos.
La LOP ha sido el camino más corto para imponer las jefaturas desde arriba, revalidar el poder encubierto de los aparatos y ampliar la oligarquización de la política. En resumen, las primarias son la coartada para canonizar el caudillismo y un nuevo cesarismo por medio del embrutecimiento de la voluntad de la militancia.
La participación abierta se proscribe fácticamente para dar paso a la preeminencia de los operadores políticos, los militantes no tienen ninguna libertad política para participar en la representación partidaria y menos la posibilidad de competir o influir activamente en las preferencias electorales porque el poder de decisión está concentrado en una persona.
La invención de las primarias ha resultado ser una lucha estratégica por el poder por otros medios, un dispositivo manipulador de una pretendida democratización al interior de las organizaciones políticas con el único fin de fabricar la lealtad de la militancia colonizada burocráticamente.
Las voluntades de la militancia han sido despotenciadas desde el poder del Estado, que movilizó empleados públicos o aspirantes a serlo bajo medidas administrativas y jerárquicas (una movilización in-out de los que están dentro y los que están fuera de los cargos públicos), mostrando las primarias varias tendencias:
a) Son impolíticas por la indiferencia de los electores en cuanto a los resultados, b) permiten un control riguroso de los de arriba para que el voto de los de abajo (militancia) favorezca al jefe único, c) logran el triunfo monitoreado de las cúpulas mediante figuras inventadas e inconstitucionales que vuelven permanente el poder del caudillo y d) consolidan el cesarismo y legalizan el mando de un estatismo autoritario.
Por lo pronto, los nueve binomios están habilitados para las elecciones generales de octubre de 2019, pero el efecto de la LOP llega apenas como una democracia disciplinaria y es un deseo irrealizable. Queda abierta la pregunta acerca de cómo se puede organizar la voluntad del militante y su opinión libre bajo condiciones democráticas, el aseguramiento de una competencia interna equitativa no coaccionada y en igualdad de derechos de todas las partes, la institucionalización de procedimientos legales sujeta a plazos temporales y la defensa de la rotación de los cargos internos.
Se trata de asegurar elecciones competitivas al interior de las organizaciones políticas como un contrafuerte al cesarismo; la infraestructura de un nuevo orden participativo debe objetivarse para enfrentar con eficacia (a modo de asedio) a los aparatos de dominación partidaria y a unas primarias que sólo canonizan al jefe partidario.




