Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: sábado 19 de enero de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Estas declaraciones fueron avaladas por algunos vocales del Tribunal Supremo Electoral (TSE), quienes incluso dijeron que las primarias recién se realizarían para las elecciones del 2025 extendiendo una explicación técnica y cultural para justificar dicha imposibilidad.
Ya con la aprobación de la Ley de Organizaciones Políticas (LOP), una vez más el Gobierno mostró contradicciones internas y mencionó que sí era posible hacer las primarias. Esto, por supuesto, obligó a los mismos vocales a tratar de explicar que, si bien habían dicho que no era posible, ahora se debía evaluar la factibilidad. Inmediatamente y en tiempo récord trabajaron por tiempo y materia el reglamento para las primarias, obviando la importancia de trabajar un reglamento general de la Ley de Organizaciones Políticas. Otra vez, el Movimiento Al Socialismo (MAS) salió con su gusto y las primarias ya tienen fecha y reglamento.
Hubo protestas que denunciaban nuevas estrategias políticas de “los azules” en el sentido de querer llevarlas adelante, a como dé lugar, para exterminar a las plataformas del 21F que habían emergido con nuevas formas de hacer política y que eran creíbles ante la ciudadanía, ya que reivindicaban la importancia del voto como un derecho fundamental en el marco democrático. Es así que el MAS se salió nuevamente con la suya y metió a la competencia electoral, “a la mala”, a los dos candidatos ilegales y, además, impuso ante el TSE, institución cooptada, el argumento que establecía que “las primarias se hacen, le guste a quien le guste”.
Pronto, los partidos y las organizaciones políticas debieron organizarse para realizar alianzas en tiempo récord, para de esa manera adecuarse a lo que establecía la nueva ley. Esta “adecuación” implicó, además, elegir binomios con la particularidad de que cada organización y alianza escogió una sola dupla para que participe en las primarias.
Este hecho volvió al proceso de primarias totalmente absurdo e inviable, ya que este tipo de procesos en cualquier parte del mundo es útil para establecer mecanismos de democracia interna dentro de las organizaciones políticas, siempre y cuando existan al menos dos opciones que sean elegibles.
En nuestro caso, todas las organizaciones políticas presentaron una sola opción de binomio. Este hecho se advirtió oportunamente, en el sentido de que los bolivianos gastaríamos 27 millones de bolivianos para ratificar a los candidatos propuestos por las organizaciones políticas y, por lo tanto, sería un derroche de dinero estatal.
El TSE, hizo caso omiso a la advertencia, avalado por el MAS. Es más, sacó una cuña radial recomendando a todos los militantes de los partidos para que voten en las elecciones primarias, ya que de esa manera “fortalecerán a su organización política”.
¿Por qué seguir con la idea de hacer las primarias si es que no sirven para nada? Porque éstas tienen al menos dos objetivos políticos que vienen desde el oficialismo.
En primer lugar, quieren utilizar las primarias y el voto de los militantes del MAS para decirle a la opinión pública que una equis cantidad importante de gente ha ratificado el binomio Evo-Álvaro y, por lo tanto, eso de que son candidatos ilegales e ilegítimos es mentira. Quiere engañar a los bolivianos haciéndonos creer que un número de militantes puede contradecir lo que ha dicho el voto ciudadano del 21 de febrero.
Y en segundo lugar, en la misma línea, el MAS quiere mostrarse como fuerza hegemónica con un poco menos de 800.000 militantes (entre funcionarios públicos, cocaleros y componentes de organizaciones sociales cooptadas), quienes votarán obligados o condicionados por una pega o por algún favor. Es así que la diferencia entre militantes del MAS y militantes de los opositores será abismal. El resultado, con seguridad, será que el Presidente o el Vice saldrán al día siguiente de las primarias diciendo que le han dado una paliza a la oposición y al 21F y que esto se ratificará en octubre de 2019. Una mentira descarada que sin duda muestra su desesperación y uno de sus últimos pataleos de ahogados.



