Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 10 de enero de 2018
Categoría: Conflictos sociales
Subcategoría: Problemas de gobernabilidad
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Entre ceja y ceja
Diatriba contra la polarización
Nuestro país está polarizado y eso es muy malo. La polarización implica que la sociedad se divide artificialmente entre “buenos y malos”, “ángeles y demonios”, “justos e injustos”, “puros e impuros”; en fin, entre “nosotros y ellos”. La polarización da origen a la exclusión y a la violencia. Cuando la sociedad está así antagonizada, ganan los extremos, los radicales, los que prefieren ver la realidad en blanco y negro, los que no reconocen los colores, ni siquiera los grises.
La polarización establece una diferenciación única y extrema. O estás
conmigo o estás contra mí; traducido al momento que vivimos: o estás con
“el proceso de cambio“ o estás contra Evo (porque ya nadie puede dudar,
a estas alturas, que el denominado “proceso de cambio” se ha encarnado
en una persona). Para unos y para otros no es concebible el no
alineamiento.
Adicionalmente, la polarización que padecemos es muy peligrosa porque se expresa espacialmente.
Estamos, como hace 12 años, enfrentados campo y ciudad. Las recientes elecciones de autoridades judiciales muestran de manera patética esta realidad. También la polarización exacerba las contradicciones de clase y culturales. Los factores identitarios, que dan lugar al racismo, se visibilizan en sus rasgos más execrables con la polarización. Vivimos, pues, encima de un barril de pólvora a punto de estallar.
Los apóstoles de la violencia, de uno y otro lado, baten palmas y
auguran un pronto enfrentamiento definitivo. Esperan con ansias la
batalla final. Unos y otros creen que las sociedades avanzan mediante la
solución violenta del conflicto. Los unos creen en la “violencia
revolucionaria” y los otros piensan que no hay otro camino que “sacarlos
a la fuerza”.
El espacio del centro político, pero sobre todo de la diversidad
democrática, se ha ido constriñendo al extremo de casi desaparecer.
Esto, hay que decirlo, con todas sus letras, es obra del MAS y de sus
ideólogos y estrategas. La polarización es su obra y su victoria.
Solamente en un escenario así pueden sobrevivir algún tiempo más.
Alentados por las actitudes racistas, excluyentes, corporativas y
violentas del otro extremo, se oxigenan y ganan tiempo.
Es por tanto deber de la ciudadanía democrática, de la que cree en la
diversidad, el disenso, la pluralidad y el libre pensamiento, dar la
batalla contra la polarización. Aunque ésta aparezca en el momento
desigual y complicada, en un ambiente hostil y agreste. Pero no podemos
sucumbir ante las pulsiones del antagonismo ciego.
No tenemos porque “elegir” un bando. Estar opuesto a las políticas y
abusos de Evo Morales no me tiene que obligar a estar en la misma bolsa
que Sánchez Berzaín o Román Loayza. Yo creo en la democracia, soy
republicano y defiendo el derecho individual de cada ciudadana y
ciudadano a pensar como le venga en gana, sin obligación de someterse a
colectividad alguna. Combato firmemente el corporativismo, denuncio el
accionar perverso de las “minorías eficaces”, rechazo los bloqueos y
cualquier acción estatal o de grupo que coarte las libertades
ciudadanas. Me niego a que por estar contra el gobierno autoritario y
antidemocrático de Evo Morales, tenga que aparecer alineado con racistas
igualmente antidemocráticos.
Sé que lo que escribo ahora puede ser leído como políticamente
inoportuno, pero si uno no dice lo que piensa y reivindica en lo que
cree en momentos como éste, y prefiere mirar al costado, entonces
¿cuándo? … Mejor será siempre quedar mal con algunos que con la propia
conciencia.
La sociedad se desarrolla democráticamente cuando hay diversidad y
libertad. Cuando hay multipartidismo y no estamos obligados a elegir
sólo entre dos opciones o sometidos a una sola. La salud de una
democracia se mide por la variedad de centros políticos que existen,
cuando los extremos son minoritarios y campea la libertad de opción, de
opinión, y el no alineamiento. Sueño con esa sociedad para nuestras
hijas y nuestros hijos, donde no vean como enemigo al que no piensa como
uno.
Ricardo Paz Ballivián es sociólogo.