Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 02 de diciembre de 2018
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Me había propuesto escribir sobre hidrocarburos, en particular sobre la inclinación del ministro del ramo a distorsionar sistemáticamente la realidad, pero, como al poeta César Vallejos, “sólo me sale espuma”. Por eso, me subí a la palabra de la semana, el “binomio”, para darme un paseo sobre significados e implicaciones de ese sustantivo.
Binomio es una palabra de origen griego, compuesta por bi (un par, dos) y nomos, que significa término, parte, norma, nombre. Por tanto un binomio es un conjunto de dos elementos. Bicicleta, bípedo, bizcocho (galleta cocida dos veces), binocular y bisagra son sencillos ejemplos del uso del prefijo bi-, mientras que, de modo más rebuscado, “bidente” -un apodo que hace años se ganó un dirigente sindical- es un vidente que tiene solo dos dientes. Más de dos términos hacen un polinomio, donde “poli” significa muchos, como en la poligamia, esa extraña patología que suele hacer trizas el binomio matrimonial.
Sospecho que el Órgano Electoral Plurinacional (OEP) ha preferido el término “binomio” (entendido como conjunto de dos candidatos) a sus sinónimos (dúo, pareja, dueto, dupla, yunta) con la mirada puesta en el significado algebraico de esa palabra. Sin embargo, el OEP debería haber hablado de binomios y binomias, por una elemental igualdad de género. Ese imperdonable descuido ameritaría la anulación de las elecciones primarias, más que por su costo insulso o por el pandemonio de las falsas militancias.
Volviendo a las raíces matemáticas, los dos elementos de un binomio suelen ser números o letras; reales o imaginarios; concretos o abstractos, susceptibles de suma o resta. Entre los binomios de letras se ha hecho famoso el binomio C y M, en el cual no se busca el resultado, sino el origen de esas letras. Una comisión especuladora de alto vuelo se ha roto el coco para explicar qué es C y qué es M; en realidad para hacer coincidir C y M con lo que querían que fuera, cuando cualquier estudiante podía haberles indicado que CM es centímetro. Casualmente una insidiosa serpiente yoperojobobo mide unos 70 cm.
Siguiendo con la similitud algebraica, los binomios no triviales deben ser diferentes: dos mesas no hacen un binomio, pero “mesa y piedra-za” sí lo hacen. Un binomio puede contener valores mixtos (cerveceros y espirituales), materiales (gallo y barriga), coloridos (rosado y katarista). Sin embargo, me rehuso a considerar a los binomios espurios a los que Bolivia dijo No. Se trata de binomios que no tienen soluciones y sólo traen problemas. Si lograran forzar su participación, nunca deberían ser legitimados, ni antes, ni durante, ni después.
Un importante resultado matemático que hay que tomar en cuenta en el momento de potenciar a un binomio es: un binomio al cuadrado no es lo mismo que un binomio de cuadrados.
¿Cómo construir un binomio de candidatos? Una teoría dice que los dos deben ser diferentes, número y letra, (3+b), porque sus funciones lo son (ejecutiva y legislativa). Otra corriente afirma que los dos deben ser complementarios, vocal y consonante, (a+b), debido a que la Constitución Política mezcla las funciones respectivas y ahora el Vice es un ministro y el Presidente dirige con control remoto la Asamblea.
Sin embargo, si se construye un binomio sólo en función de un hipotético rédito electoral (occidente-oriente; eje-periferia; varón-mujer; indígena-mestizo) se pierde de vista lo esencial: el binomio no se construye sólo para ganar una elección sino para gobernar; para lo cual se requiere coordinación, lealtad, complementariedad de destrezas y comunión de principios y objetivos.
Acabamos de conocer varios binomios. Corresponde a los electores discernir cuáles son problema y cuáles solución.
Francesco Zaratti es físico y analista
Es físico – Twitter: @fzaratti