Medio: La Razón
Fecha de la publicación: miércoles 31 de octubre de 2018
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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En este contexto, nuestro país se prepara para las justas electorales del próximo año, y como nunca antes en la historia de Bolivia, con estabilidad y en democracia. El país se encuentra en un proceso de desarrollo y crecimiento económico con cambios estructurales que llevaron a Bolivia a ser un referente regional en América Latina. En los últimos cuatro años, nuestro país ha sido el líder de la región en crecimiento económico, gracias a sus políticas sociales y financieras. El Producto Interno Bruto (PIB) entre 2009 y 2017 creció en un promedio de 4,82%, muy por encima del promedio regional de 1,87%. El PIB per cápita subió de 1.037 dólares a 3.383 dólares en 2017. La inversión pública creció de 629 millones de dólares en 2005 a casi 7.500 millones de dólares este 2018. La fortaleza económica en Bolivia creció un 585% en la última década, entre las Reservas Internacionales Netas, los ahorros en el sistema financiero y en las AFP, los gobiernos en el pasado dejaron 7.600 millones de dólares; hoy, estos recursos alcanzan a 52.036 millones de dólares.
El crecimiento económico con inclusión social que aplica Bolivia tiene la tasa de desempleo más baja de la región, 4,48%; y las políticas de redistribución permitieron que la población de ingresos medios crezca de 3,3 millones de personas a 6,5 millones entre 2005 y 2017. La pobreza moderada en el país llegó a su nivel más bajo este año, al cerrar con 36,4%, frente al 60% en 2005. La pobreza extrema registró una baja de 36,7% en 2005 a 17,1% en 2017.
Los organismos financieros internacionales publican que al menos 3 millones de personas en Bolivia salieron del umbral de la pobreza en la última década. La salud, educación, los servicios básicos y las infraestructuras viales y productivas cambiaron la escala del país en la última década.
Lo cierto es que nuestro país registra indicadores y cifras que en todos los campos superan las expectativas de propios y extraños. En los informes de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), Banco Mundial, BID (Banco Interamericano de Desarrollo) o las Naciones Unidas, entre otros organismos de esquema multilateral, Bolivia recibe elogios y reconocimientos por el “proceso de cambio” que transformó el país.
A diferencia de las elecciones de la década del noventa del siglo pasado, durante la llamada Democracia pactada de la era neoliberal, en la que Bolivia previo al proceso electoral naufragaba en la inestabilidad, conflictividad social y la dependencia externa, hoy existe un país distinto.
Por ello, será imperativo que los ciudadanos asistan a conocer las propuestas y alternativas de país que proponen los candidatos de oposición en Bolivia. Precisamente porque desde la agenda pública del oficialista MAS-IPSP (Movimiento Al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos) en pleno desarrollo existe un contenido de políticas públicas que son las que sustentan los cambios y aciertos que difícilmente podrían modificarse. De ahí que el liderazgo de Evo Morales resulta indispensable para mantener los cambios y la transformación de Bolivia.
No cabe duda de que las próximas elecciones generales, con estabilidad y democracia en Bolivia, tendrán un debate político condicionado a los extraordinarios resultados de la nacionalización de los hidrocarburos, al proceso de industrialización de los recursos naturales en marcha, al papel del Estado en la economía del país y a los resultados con aciertos en la inclusión social, la equidad y la distribución de la riqueza.
Las fuerzas políticas de oposición que competirán con el partido oficialista tendrán que debatir sobre la extensión de derechos individuales y colectivos ejercidos en la última década. O sobre la asistencia del Estado a las mujeres, niños, personas con discapacidad, personas de la tercera edad y los planes de vivienda social que benefician a miles de ciudadanos. Al final, será el soberano, en democracia, quien decida sin prisa ni pausa el país en el cual quiere vivir.



