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Medio: Ahora el Pueblo
Fecha de la publicación: lunes 29 de octubre de 2018
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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El imperdurable postulante presidencial Samuel Doria Medina (UN) presentó el pasado miércoles un “programa común de gobierno” de “cinco pilares”, con el que pretende “unir a la oposición” con un candidato antípoda del caudillo político y contrario a la reelección democrática.
Doria Medina explicó que las cinco propuestas están orientadas a que la oposición empiece a discutir la unidad sobre la base de propuestas y soluciones a los “problemas que tenemos” los bolivianos. “No son las únicas que tenemos, pero creemos que estas cinco tocan los temas de mayor preocupación”, dijo el empresario en declaraciones que recoge La Razón.
Según el opositor, “la unidad no se hace en torno a personas” o el “más ilustrado y distinto”, sino “en torno a propuestas” en el marco de un proyecto político de largo plazo, “donde no haya reelección para nadie, donde no haya caudillismo, donde se tomen decisiones en instancias colectivas, no otro caudillo. No estamos buscando candidatos a caudillo”, insistió y luego remarcó: “No soy candidato a caudillo, no me interesa”.
Ahora bien, si el empresario excementero, ahora hotelero y de la comida chatarra, jura que entre sus planes no está convertirse en “caudillo”, desvela la primera constatación de sus intenciones: el político con el perfil ideal —y con la chequera gorda— para ser el candidato único de la oposición sería él y nadie más que él.
Hasta ahí, la propuesta política de Doria Medina es legítima, porque se inscribe en el ejercicio de la pluralidad que ampara nuestra democracia. Sin embargo, cuando se examina los alcances de los “cinco ejes” de su “programa común” de gobierno, sale a la luz que se trata de una artimaña política para engatusar al electorado, especialmente a los jóvenes. Veamos por qué:
La primera oferta plantea acabar con la “impunidad y la corrupción”, para alcanzar una “justicia para todos”, reemplazando a “todos los jueces y fiscales” con nuevos administradores de justicia electos mediante el sorteo y la meritocracia.
Es decir, los “nuevos jueces y fiscales” saldrían electos de una tómbola, donde la meritocracia será una convidada de piedra, y la “justicia para todos” sería producto del azar y no de un transparente proceso institucional, como fue la última elección del nuevo Fiscal General del Estado.
La segunda oferta propone otorgar a los estudiantes “becas, bonos, capacitación tecnológica e inglés” para que sean “competitivos” en el mercado, además de un bono para los maestros que aprendan inglés, amén de un mejor Internet y un fondo de crédito universitario para 100 mil jóvenes.
No obstante, durante los 20 años de neoliberalismo, los Doria Medina, Carlos Mesa, Tuto Quiroga, Paz Zamora y demás tucuimas ni por asomo se preocuparon por el futuro de la juventud boliviana: estuvieron atareados enajenando la riqueza de la patria.
Empero, si por algún golpe de suerte y/o colosal falacia logran manipular la voluntad popular —como lo hicieron el 21 de febrero de 2016— y ganan las elecciones de 2019, no podrán financiar las becas y los bonos que ofrecen como carnada para captar el voto joven en las urnas.
Las dudas se multiplican, porque si —como reconoció Mesa cuando fue presidente— pedían limosna para pagar sueldos al magisterio y a otros funcionarios públicos antes del advenimiento del gobierno del presidente Evo, el oportunismo emerge de la susodicha ‘propuesta’.
La tercera oferta del “programa común para unir a la oposición” promete la creación de “380 mil nuevos emprendimientos para las familias bolivianas” con $us 400 millones del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) en cinco años, y que el 70% de las compras estatales serían de productores bolivianos.
La verdad histórica desvela que los neoliberales jamás crearon un solo puesto de trabajo, menos algún emprendimiento para las familias bolivianas, y amparados en lo que suponen una amnesia colectiva, pretenden que el pueblo olvide que echaron a las calles a 30 mil mineros y a decenas de miles de trabajadores.
Es más, no sólo cerraron las minas y las entregaron a las transnacionales, sino que miles de pequeñas y medianas unidades productivas corrieron esa misma suerte. Además, el neoliberalismo redujo YPFB a una oficina residual, entregó la riqueza petrolera y gasífera a las transnacionales, vistió a miles de bolivianos con ropa usada e hizo de la importación de los vehículos viejos una marca made in Bolivia.
¿Acaso lo han olvidado?
Durante el gobierno de Paz Zamora (1989-1993), que siendo tercero y tras cruzar los “ríos de sangre” fue presidente de Bolivia con el respaldo del dictador Banzer; Doria Medina lideró la privatización de las empresas estatales a precio de gallina muerta y se ufanó en privatizar “una empresa cada semana”.
Una comisión legislativa que investigó el remate de empresas estatales entre 1985 y 2005, concluyó que el hoy eterno candidato presidencial, siendo ministro de Planeamiento y Coordinación, solicitó un crédito al Club de París para desmantelarlas.
Uno de los casos más controvertidos es el de la empresa El Puente. Doria Medina avaluó y planificó su privatización siendo ministro y al momento de privatizarla su grupo empresarial se hizo con la mayoría accionaria de esa cementera. Qué tal.
Y como ministro elaboró, impulsó e hizo aprobar la Ley de Inversiones y el Decreto Supremo 22836, junto a su colega Jorge Tuto Quiroga (ministro de Finanzas). Ambas normas fueron el antecedente directo de nefastas leyes neoliberales como la de Capitalización (Ley 1944), de Hidrocarburos (Ley 1689) y de otras consolidadas por Sánchez de Lozada.
Según el periodista Juan Carlos Ramiro Quiroga, en 1986 y con 28 años de edad, Doria Medina ya era presidente de Soboce, y comenzó un proceso para monopolizar la industria del cemento, la construcción y toda su cadena de valor.
El político mirista tomó el control de Áridos San Roque, de cuatro fábricas de cemento (Soboce, Fancesa, Warnes y El Puente), de viguetas Concretec y de premezclados Ready Mix. Así construyó su emporio, sólo se salvaron de su angurria alimentada desde el poder, la cooperativa Coboce, de Cochabamba, y Cemento Camba, de Santa Cruz.
Si este es Doria Medina en cuerpo y alma, sus amigos opositores comparten sus genes y ahora pretenden engatusar al pueblo, especialmente a los electores más jóvenes, con su “programa común” para eventualmente unir a la oposición y asaltar el gobierno.
En ese contexto y como cuarto punto, Doria Medina promete al pueblo un “seguro médico gratuito para enfermedades graves como el cáncer” y otros males peligrosos, con un fondo de $us 300 millones. “Se va a pagar el tratamiento, las medicinas de todas las personas enfermas”, dice.
Sin embargo, en los cuatro años de gobierno del llamado Acuerdo Patriótico, entre el MIR, de Paz Zamora, y la ADN, del fallecido dictador Banzer, Doria Medina nunca se preocupó de impulsar la construcción de un solo hospital para atender la salud del pueblo, menos de alguna escuela que favorezca la educación de los niños y jóvenes bolivianos. La realidad señala que al neoliberalismo lo menos que le importó fue la salud y la educación del pueblo.
El cuarto ofrecimiento opositor también es demagógico, ya que el “seguro médico gratuito” que ofrece es el inicio de una campaña política basada en el engaño y la mentira que los neoliberales impulsaron para deteriorar la imagen de Evo antes del referendo del 21 de febrero, con lo que lograron una mínima victoria ilegítima que hoy reivindican como cuestión de vida.
Y como quinta promesa, Doria Medina propone convertir a El Alto y Cochabamba en “centros de exportación de alta tecnología”, con incentivos como la reducción de arancel para la importación de productos tecnológicos y la capacitación a emprendimientos productivos.
El multimillonario subestima la inteligencia del pueblo, hace gala de la improvisación y la demagogia, ya que en su afán de lanzar el anzuelo oportunista, se olvida de las demás ciudades capitales y peor de las provinciales. Por lo mismo, es otra monumental mentira que no merece ninguna respuesta, ya que por sí misma se desacredita.
(*) Comunicador social y periodista. Fue director de Cambio.



