Medio: Ahora el Pueblo
Fecha de la publicación: martes 23 de octubre de 2018
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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No es ni será la primera vez que —al calor de la euforia electoral— aparezcan (o reaparezcan) en el escenario político figuras que le den un tinte pintoresco a lo que serán más adelante las campañas partidarias. Suele ocurrir también, como se ha visto a lo largo de la historia de la democracia burguesa en Bolivia como en otras partes del mundo, que surjan personajes que encarnen en sí mismos mensajes ambiguos, difusos, contradictorios o sencillamente huecos. Peor aún, en medio del torbellino mediático, se hacen presentes aquellos que emergen del pasado.
Cuando el común de los mortales pensaba que algunas expresiones políticas habían dejado de existir, la sorpresa es grande cuando éstas dan cuenta de que, pese a los fracasos y reiterados rechazos de los electores, insisten en pedir el voto popular ofreciendo cuanto la imaginación les permite, conscientes, por cierto, de que mucha gente caerá en sus redes.
El embuste, el chantaje o finalmente la mentira y el terrorismo verbal —manifestaciones propias de los grupos ultraconservadores de derecha— son y han sido parte de procesos electorales. La democracia competitiva, la que en su momento se movió y —en algunas partes del planeta— aún se mueve según la chequera de los postulantes, tuvo esas constantes inevitables.
En el caso de la actual coyuntura boliviana ya comienzan a visualizarse aquellos proyectos de candidaturas presidenciales que no sólo encarnan el pasado, sino que devuelven a la memoria un discurso y una práctica políticas marcadas por la improvisación, la autosuficiencia y menosprecio (desprecio) sistemático a la inteligencia del pueblo, a su memoria. En ese escenario encajan casi de manera natural personajes como el viejo líder mirista Jaime Paz Zamora, que hoy aparece pegado a una no menos vieja sigla como el Partido Demócrata Cristiano (PDC), históricamente afín al exdictador Hugo Banzer, y lo hace planteando nada menos que la República Federal, una propuesta que entre otras cosas ya se conoció en Bolivia a fines del siglo XIX. Con base en la revisión histórica, está claro que de Paz Zamora saldrán más ocurrencias desenfocadas.
Del PDC y su aspirante, como del FRI (otro espectro vinculado al banzerismo) y su postulante, además de otras aventuras improvisadas para las primarias de enero, el pueblo deberá estar advertido y no dejarse distraer.
Es tiempo de continuar con la revolución iniciada en 2006.



