Medio: La Patria
Fecha de la publicación: lunes 22 de octubre de 2018
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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En este contexto, no se debe olvidar que amplias mayorías de gente olvidada por el sistema seguirán votando por el MAS. Son los corruptos derechistas los culpables, los que llevaron a la masa social a venderse a título de movimientos sociales supuestamente revolucionarios, los que no saben lo que significa el término de transformación por su ignorancia estructural. Pero el MAS está construyendo un país de paja, el que se entrega a sus consideraciones de coyuntura, solamente por diezmos que denigran a los pobres que dice defender.
Hay una realidad preocupante: una oposición tradicional cada vez más enferma. Los distintos grupos no quieren unirse, a título de que no "harán de escalera para un líder mesiánico", entiéndase Carlos Mesa, no por una posición realista, sino por envidia. La contradicción fundamental del tiempo actual no es entre derecha e izquierda, en realidad su presencia es marginal, sino entre democracia y totalitarismo. La vieja derecha se fue del país, la otra es "de palo", y la izquierda solamente existe en unos cuantos idealistas revolucionarios. Si algún partido pretende ir solo a las elecciones del 2019 a título de "purismo", desmentido por situaciones reales, caerá en el lodo del fracaso.
En el terreno de la política "compras y vendes", a no ser que tengas principios, los que son muy difíciles de conseguir porque no están en el mercado, van en el alma. La oposición política boliviana anda de traspié en traspié. No es eficiente, no interpreta adecuadamente la realidad, le hace un flaco favor a la democracia boliviana, sometiéndose al enemigo totalitario: el MAS. Este último está feliz ya que no cuenta hasta hoy con rivales de peso, los que hay le ayudan a legitimarse. Pareciera que la oposición se siente bien con el MAS en función de Gobierno, al final poseen un espacio de poder, aunque irrelevante. En este papel tienen cierta comodidad y los intereses cardinales de la Patria les importan "un comino". En los hechos existe un contubernio que facilita al totalitarismo mostrarse como democrático, aunque solamente en las apariencias.
Una oposición valiente debe legitimarse con el apoyo del pueblo, pero con racionalidad, peso político y lucidez. Y el Referendo del 21 de febrero de hace un tiempo solamente ratificó su inutilidad. Por ella no hubiera pasado nada contra el proyecto hegemónico de la prórroga presidencial, fue la iniciativa ciudadana, carente de una dirección política, la que rescató el proyecto democrático de los bolivianos. Es increíblemente endeble, ni siquiera resulta capaz de unirse para asuntos mayores. Cada supuesto líder opositor no llega a esto porque no arrastra masas a través de su discurso difuso y confunde al pueblo democrático, busca ser el de arriba por narcisismo, no el mejor, y el MAS aplaude.
No se vaya a pensar que todos los bolivianos son demócratas, muchos resultan arbitrarios y se pasean por los senderos del totalitarismo. O sea que se trata de una lucha que debe ser astuta para neutralizar a esta gente y convocar al resto a la toma del poder. El futuro de los bolivianos exige a la oposición ser sensata y con hambre de poder total para transformar a la Patria boliviana. El puritanismo hay que dejarlo para los asuntos domésticos o para el después cuando ya se haya capturado el poder político para realizar el bien democrático.



