Medio: El Deber
Fecha de la publicación: lunes 06 de noviembre de 2017
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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No es así, los ‘millennials’, los cruceños menores de 30 años, no creen en los políticos, no les gusta la política, no militan ni simpatizan con casi ningún partido tradicional, pero tienen su propio ideario político, su muy particular plataforma de demandas que no coincide con la de sus padres ni con la de sus hermanos mayores y ven, piensan y sienten que los políticos tradicionales son sordos ante sus pedidos.
Un estudio realizado por Idea Internacional, basado en una encuesta aplicada entre el 5 y el 8 de agosto, con un margen de error del 5%, arroja un poco de luz a esa generación que tiene entre 16 y 30 años y que votará en las elecciones generales de 2019 y las subnacionales de 2020.
Lo primero que salta a la vista es que son seres comprometidos con su entorno. Un 61% de los encuestados se inclinó por progresar personalmente, pero interesado en ayudar a que el resto de la ciudanía también progrese, frente al 39% que creía que solo debía ocuparse de lo suyo, que para lo colectivo estaban las autoridades. El problema comienza cuando se les menciona la palabra ‘política’. Un tercio ve que todos los que hacen política son corruptos, un 11% cree que es una actividad para que la gente gane dinero deshonestamente, otro tercio está en el punto medio, cree que es una actividad de servicio, pero también permite que quien se involucre en ella se enriquezca de manera indebida y solo la quinta parte de los encuestados cree que es una actividad de servicio a la gente.
Desencanto
“Las personas viven de lo que ganan por su trabajo, del día a día. Acá nadie cree en la política porque los políticos viven de charlárselas al pueblo”, dice Kevin Wilder Coronado, millennial del noveno anillo, uno de los fundadores de la crew de hip hop Cruz Santa y un descreído de la política. “Los políticos no hacen nada por la juventud. En lugar de ayudarnos nos cierran las puertas, nos corretean y nos meten presos. Eso no ayuda, solo crea más odio y bronca”, dice Kevin, que además fue pandillero y cree que la música es un buen instrumento contra la violencia juvenil barrial, una buena forma para salir del círculo de la violencia.
No sabe cómo cambiar eso, cómo hacerse escuchar, cómo llegar a los políticos. “De lo único que entienden los políticos es de sacarse la plata del pueblo”, dijo.
Ese descrédito también se refleja en la encuesta. Siete de cada diez no se interesan por participar en la política porque simplemente no les gusta, es muy corrupta o demanda demasiado tiempo. Del tercio que sí quiere, un 40% quiere insertarse en la política local, una cifra similar en la departamental y el 20% restante quiere jugar en ligas nacionales. Incluso para los millennials cruceños lo nacional aún queda muy lejos.
Todo esto desemboca en una crisis de representación: ocho de cada diez no simpatiza con ningún partido político y el 97% no es militante de ninguna sigla. Es decir, los partidos y agrupaciones ciudadanas no hablan el mismo idioma que la gente menor de 30 años.
José Orlando Peralta, politólogo de 40 años, ve que los datos de la encuesta coinciden con los resultados del Latinobarómetro, megaencuesta latinoamericana que año a año mide la calidad de la democracia. En todas partes de la región se muestra poca confianza en los partidos políticos, pero acá Peralta cree que las autoridades deberían preocuparse por la asociación de la palabra política con la corrupción. Cree que a pesar de que ya han transcurrido 14 años desde el derrumbe de los partidos de 2003, los políticos no han logrado recuperarse. Peor aún cuando gran parte de su electorado y de los que demandan servicios no se afilia a ningún partido político.




El statu quo
Orlando Layme, estudiante de Sociología de 24 años y parte del Movimiento de Acción Estudiantil de la Gabriel René Moreno, admite que es difícil hacer política entre gente de su edad, que sus compañeros son apáticos, que se asquean de las cosas que comienzan a experimentar, que se salen cuando se dan cuenta que están cayendo en un entorno de corrupción. “Comienzan a ver que la corrupción es el sistema, comienzan a ver que ese es el statu quo”, asegura.
Daniela Doria, estudiante de Derecho que trata de organizar debates en la René Moreno, cree que la apatía es provocada por las mismas autoridades, que no le dan la información completa a la población porque no les interesa que participen en la toma de decisiones ni en la planificación. Para ella, con eso se pierde parte de la democracia. Aporta un dato más: la desinformación nace en los padres, que vuelven a casa estresados y en silencio después del trabajo y no quieren saber ni hablar de la política. Mientras tanto, los jóvenes hunden la cabeza en su celular.
La generación de Orlando y de Daniela es la segunda criada por la televisión, pero, a diferencia de los más jóvenes de la Generación X, cuyos padres también salieron a trabajar y volvieron estresados y sin ganas de hablar, los millennials más jóvenes fueron testigos del salto digital que les puso la pantalla en la palma de la mano.
Eso también puede estar cambiando el imaginario político. Un 40% de los millennials encuestados cree que las autoridades necesitan ocuparse del problema del medioambiente. Le dan el doble de importancia que a la seguridad ciudadana y que al empleo, pero además están comenzando a aflorar nuevos temas, como los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, los derechos de las colectividades LGBT y la protección de animales domésticos.
Nakai Mirtenbaum, abogado de 24 años, estudiante de sociología, hijo de un académico fundador del MAS y miembro del colectivo juvenil opositor Me comprometo con Bolivia, cree que el tema ecológico es el paradigma del siglo XXI y que es muy de su generación, aunque recuerda que Filemón Escóbar ya hablaba de la subordinación de la política a la ecología. Otros analistas ven la ecología como la nueva izquierda (sandías, verdes por fuera, rojos por dentro, les dicen), pero Mirtenbaum prefiere describir cómo los políticos no han logrado encontrar la forma de conectarse con los jóvenes y cómo los jóvenes se revelan ante el deseo del viejo sistema de mantener la generación de opinión pública secuestrada a un pequeño círculo. “Las nuevas generaciones piensan de manera independiente y quieren hacer cosas de manera independiente. No están buscando trabajo para ser asalariados. No podrían estar al servicio de algo que no comparten. Quieren representarse a sí mismos y hacer escuchar su voz”, dice.
Asegura que asistía a las reuniones de un partido, pero que dejó de ir porque se discutía de pegas y no de ideas. Cree que todos los partidos mantienen la lógica caudillista que tanto le critican a Evo Morales, que buscan que el joven militante se ponga una camiseta y sigan un líder sin cuestionarlo. “Prima el caudillismo, reproducen el caudillismo”, recrimina Mirtenbaum.
Este descontento y el interés por una organización más horizontal sin líderes autoritarios tal vez sea la explicación a la falta de participación de los jóvenes en las organizaciones civiles. Un 95% no participa de las organizaciones de su barrio y un 97% no está en organizaciones civiles.
¿Cómo se cambia esto? Orlando Layme cree que la única forma es siendo radicales, esperar a que el sistema haga crisis y que los jóvenes hagan escuchar su voz para empujar el cambio. En la Gabriel René Moreno ya hubo crisis en 2016, el sistema ya dio síntomas de agotamiento, pero los viejos políticos se reorganizaron rápido y postergaron el congreso que exigía el grupo de Layme hasta volverlo difuso. Esta generación también fue vital para cerrar el paso a la reelección en el referéndum del 21 de febrero de 2016 (21-F). Su campaña en las redes sociales fue decisiva para la victoria del No. Los millennials ya empujan en la política pero todavía no saben cómo conquistar el poder. Tal vez el tiempo se encargará de enseñarles cómo quedarse con el botín conquistado.
DETALLES
Profundamente digitales
Más del 80% tiene como principal herramienta de comunicación el WhatsApp. Solo uno de cada 100 utiliza correo electrónico, un 16% aún hace llamadas pagadas por el celular y solo un 3% aún utiliza teléfono fijo.
Información a la carta
Facebook se ha convertido en la ventana a través de la cual esta generación llega a la información. Ha igualado en porcentaje a la televisión. Un periódico o la radio ocupan porcentajes mucho menores.
Los peligros
Juntar política y hábitos de consumo de información a través de las redes sociales puede ser peligroso. En EEUU aún revisan los daños de la avalancha de información falsa creada por Moscú para torcer las elecciones a favor de Donald Trump. Facebook ha lanzado alertas de fakenews y los grandes medios ya expresaron sus temores.
ANÁLISIS |
Gustavo Pedraza: Una línea base para la política en Santa Cruz de la Sierra
Este estudio fue realizado por IDEA Internacional, como componente del proyecto Liderazgo de las Mujeres y Fortalecimiento de la Gestión Púbica Departamental, que se implementa en Santa Cruz, La Paz, Cochabamba, Beni y Tarija, con el apoyo financiero de la Embajada de Suecia. Con esta investigación se pretende identificar los principales problemas percibidos por la juventud para que las autoridades competentes implementen políticas públicas en el corto y largo plazo.
La diferencia de la generación ‘millennial’ con las anteriores es que nacieron y crecieron durante el gran salto de la tecnología digital y este factor ha determinado su modelo mental.
La importancia de estudiar sus percepciones radica en que hasta mediados de este siglo esta generación será la gran mayoría de la población económicamente activa (PEA) en Santa Cruz; y si va a tener protagonismo dominante en la economía, también es lógico asumir que lo tendrá en la política.
Los principales hallazgos en la sección política de la investigación revelan que esta generación cuestiona implacablemente la política tradicional y, por ende, el desempeño de los partidos políticos en la gestión del Estado.
De igual forma, se puede evidenciar que una gran mayoría de jóvenes cruceños relaciona la política con la corrupción y demandan un cambio en la forma de la democracia representativa. Simplemente no conocen o no les interesa conocer a quienes formalmente los representan en las instancias legislativas del Estado, por decir algo.
Están buscando un modelo de democracia más directa y de impacto inmediato que ayude a resolver los problemas sociales efectiva y rápidamente.
En su calificación de las instituciones públicas y privadas, la administración de justicia tiene la peor nota y los medios de comunicación, la mejor puntuación. Tienen interés por el valor público, pero a la gran mayoría no les interesa participar directamente en política, prefieren opinar y ejercer presión social desde las redes sociales de internet, con un nuevo lenguaje.
Algunos grupos de jóvenes manifiestan su compromiso social y aportan con su esfuerzo desde el voluntariado. En síntesis, se sienten frustrados por el sistema político, lo ven anticuado y creen que hay que cambiarlo, pero aún no saben cómo hacerlo. Ese es, probablemente, su gran desafío.
Nuevos temas han reconfigurado la matriz ideológica de los millennials. El medioambiente les preocupa tanto o más que los problemas comunes de la sociedad. La defensa y protección de los animales, los derechos de la comunidad LGBT y la movilidad urbana también se encuentran entre sus preocupaciones. Adicionalmente, están los problemas tradicionales, como la inseguridad, el desempleo, la salud y educación.
Si bien los millennials son reacios a entrar en la política, no lo son con la economía ni los negocios. Los emprendimientos mas innovadores con tecnología digital, en gran medida, están en manos de jóvenes. Es en esta asimetría entre intereses políticos y económicos de los millennials donde se encuentra el desafío para incidir en el sector del desarrollo de la metrópoli y del campo productivo cruceño.
Si esta generación no ingresa al campo del poder político con una narrativa que represente su matriz ideológica y convenza a la sociedad, seguirán conduciendo las instituciones quienes reproducen el pensamiento y la práctica política tradicional; y el futuro será la continuidad lineal de lo que ahora se critica. En suma, esta generación está frente al desafío de acompañar la economía agroindustrial con la economía del conocimiento, y de cambiar la política clientelar por la gestión transparente del Estado, que genere valor público, que al final es bienestar social.