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Medio: Ahora el Pueblo
Fecha de la publicación: martes 16 de octubre de 2018
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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En lo que puede considerarse ya un período electoral en Bolivia, han comenzado a reflotar viejos nombres y rostros que fueron parte del engranaje de la democracia pactada que engendró el neoliberalismo en los años 90 del siglo pasado.
Se trata de firmas que otrora dieron luz verde a las políticas contrarias a los principios básicos de la democracia y que, bajo el supuesto manto del Estado de derecho, manipulaban las leyes y la administración pública a su antojo para sacar réditos personales y grupales haciendo un manejo inescrupuloso del poder. El patrimonialismo, el clientelismo y la prebenda se sumaron entonces a las prácticas de los viejos políticos que terminaron por envilecer la democracia.
Se trata de firmas que otrora dieron luz verde a las políticas contrarias a los principios básicos de la democracia y que, bajo el supuesto manto del Estado de derecho, manipulaban las leyes y la administración pública a su antojo para sacar réditos personales y grupales haciendo un manejo inescrupuloso del poder. El patrimonialismo, el clientelismo y la prebenda se sumaron entonces a las prácticas de los viejos políticos que terminaron por envilecer la democracia.
El pragmatismo de estas figuras que se pintan hoy los “paladines de la democracia”, los llevó no sólo a “cruzar ríos de sangre” sino a impulsar las políticas más descaradas contra el patrimonio de los bolivianos. Primero con las privatizaciones, que dieron lugar a la subasta de las empresas estatales, y luego con la capitalización, que fue la expresión más cruda de entreguismo y sometimiento a las empresas extranjeras. Esa era la esencia de aquel oscuro pasado de movimientistas, adenistas, miristas, eneferistas, ucesistas y otros que se colaron a las viejas roscas de poder oligárquico y pronorteamericano. Si a la sombra del exdictador Hugo Banzer emergieron Tuto Quiroga, Manfred Reyes Villa, otros “demócratas” separatistas y se coaligó —de manera oportunista— el mirismo de Jaime Paz y Doria Medina; de Sánchez de Lozada se colgaron Víctor Hugo Cárdenas, Carlos Mesa y otras variantes de derecha esclerosada. Ocurre que hoy esas mismas fichas comienzan a moverse y pretenden volver, mientras los dueños de algunas siglas sepultadas por la historia se esfuerzan en deshojar margaritas para sentirse habilitados para la carrera electoral.
Hay que recordar además que es a partir de aquella concepción patrimonialista de la cosa pública —que sembró de manera sistemática la república colonial primero y neoliberal después—, que los actores políticos de viejo cuño se entremezclaron en su momento con todos los experimentos políticos posibles —junt’uchas— sin el menor pudor ni respeto a los electores. El pueblo tiene derecho a refrescarse la memoria.



