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Medio: Opinión
Fecha de la publicación: domingo 29 de marzo de 2026
Categoría: Autonomías
Subcategoría: Autonomía Indígena
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En el corazón del Trópico de Cochabamba, donde el acceso depende del caudal de los ríos y las decisiones se toman en asamblea, una mujer yuqui alza la voz en nombre de su pueblo. No llegó sola ni por imposición; ella fue elegida a mano alzada, entre hombres y mujeres que reconocen su liderazgo y trayectoria. El 18 de marzo, Irma Guasu Guaguasu empezó un nuevo reto dentro de una estructura donde las mujeres tenían antes menos espacio.
Irma - 30 años, tez trigueña, ojos negros, estatura mediana - es la asambleísta departamental indígena electa por la nación Yuqui. Es madre. Antes fue concejala y ocupó otros cargos dirigenciales. Su historia es similar a la de otras mujeres líderes de su pueblo.
Hace poco más de una semana, en Chimoré, decenas de manos de hombres y mujeres se levantaron en asamblea extraordinaria de los yuquis y, así, la eligieron como su representante titular ante la Asamblea Legislativa Departamental (ALD) de Cochabamba. Luego de su posesión oficial, prevista para mayo (junto a las demás autoridades electas el 22 de marzo), se convertirá en una de las embajadoras de su pueblo para trabajar por el mismo.
Ella llegó al acto con la fuerza simbólica de su identidad. No vistió traje formal; se presentó como mujer yuqui. Llevó una vestimenta elaborada con fibras vegetales de su territorio, tejidas a mano y adornadas con semillas rojas; en la cabeza, una especie de corona hecha con plumas se elevaba con discreta imponencia. No era ostentosa, pero sí significativa. El conjunto se completó con collares de semillas que descansaban sobre su pecho. Su vestimenta es una declaración de pertenencia.
En Bolivia, hay 36 naciones y pueblos indígena originario campesinos. La Coordinadora de Pueblos del Trópico de Cochabamba (Cpitco) comprende pueblos indígenas de tierras bajas del departamento, organizados en el Consejo Indígena del Sur (Conisur) del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), Consejo Indígena Yuracaré (Coniyura), Consejos Indígena del Río Ichilo (CIRI) y el Consejo Indígena Yuqui, asentados en territorios que abarcan departamentos de Cochabamba, Beni y Santa Cruz. En Cochabamba, los pueblos indígenas mojeño, yuracaré, chimán y yuqui alcanzan 5.588 habitantes, según el Censo de Población y Vivienda de 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
Irma es una indígena que habita el pueblo yuqui, que tiene sus tres comunidades (Pachinu, Bia Recuaté y Biariyoa).
En Cochabamba, la Asamblea Legislativa Departamental (ALD) está compuesta por 34 autoridades titulares. De ellas, dos son indígenas, una yuqui y una yuracaré, que en la gestión 2026-2031 estarán representadas por titulares y suplentes: Irma y Leandro Quispe (yuquis) y Damaris Orihuela y Mario Guzmán (yuracarés).

Según el Centro de Comunicación y Desarrollo Andino (CENDA), la elección de autoridades a la ALD ocurre en un contexto en el que los pueblos Yuqui y Yuracaré enfrentan desafíos estructurales, como avasallamientos territoriales, la presión de la colonización, las limitaciones en salud, educación e infraestructura, y la necesidad de fortalecer su economía productiva con mayor tecnificación. En ese sentido, la elección de sus representantes no solo tiene un carácter político, sino también estratégico, orientado a incidir en la gestión pública departamental en beneficio de sus comunidades.
La nación Yuqui es uno de los pueblos indígenas más pequeños de Bolivia. Tiene en la actualidad alrededor de 340 habitantes; la mitad son mujeres. Tiene como jurisdicción territorial la TCO Bia-Yuqui-CIRI, situada en la provincia Carrasco. En 2013, el Estado los declaró como un pueblo altamente vulnerable y en peligro de extinción. Al proceso de evangelización que modificó su modo de vida de cazadores y recolectores a partir de los años sesenta, se sumaron las presiones de madereros ilegales sobre su territorio y enfermedades como la anemia severa, la tuberculosis y la micosis pulmonar, que diezmaron a su población. Varios de estos males fueron el resultado de sus adversas condiciones de asentamiento: sin acceso a agua potable, sin servicios de saneamiento básicos y sin suficientes alimentos que antes podían conseguir en el bosque. Antes del contacto, se estima que eran unos 2.000 integrantes yuqui que vivían en pequeños grupos familiares de forma itinerante.
Hasta la actualidad, el acceso al pueblo depende de las condiciones climáticas. Cruzar dos ríos implica que no tengan mucho caudal, porque eso corta el tránsito. Esta situación se dio en la fecha de la elección de asambleístas; no fue posible el ingreso de las autoridades electorales, técnicos y otros a la comunidad de Bia Recuaté, donde debía desarrollarse el acto especial de la asamblea extraordinaria. Pero, los indígenas yuquis decidieron salir hasta Chimoré, incluso haciendo tramos a pie, para elegir a sus autoridades.
Estos obstáculos son recurrentes y se convierten en las tareas fundamentales para el trabajo de sus representantes.
Esas también son ahora las prioridades para Irma.

DE LA DISPUTA A LA CONCILIACIÓN En el pueblo Yuqui, las decisiones no se toman en oficinas, sino en asamblea. Ahí, las mujeres comenzaron a ocupar los espacios de poder.
El Estatuto Autonómico de la Nación Bia-Yuqui garantiza la participación política de las mujeres de ese pueblo. El documento, aprobado en 2014, remarca, además, en diversos artículos aspectos relacionados con el matrimonio, la violencia, la familia, la sexualidad, la protección, la educación y la justicia, entre otros.



