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Medio: Opinión
Fecha de la publicación: domingo 26 de octubre de 2025
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Vamos al punto con algunas preguntas. ¿Es posible entender el éxito de Paz sin la disruptiva incorporación de último momento de Lara? ¿Cuán determinante fue que el ahora presidente electo saltara a la arena electoral nacional cargando un pasado político en uno de los departamentos con menos votantes del país?
‘¡OH, CAPITÁN! ¡MI CAPITÁN!’
A estas alturas, nadie en su sano juicio cuestionaría la incidencia favorable que tuvo sobre el desempeño electoral del PDC la elección de Lara. Sin embargo, pocos son los que recuerdan que su designación fue menos una decisión estratégica que un hecho azaroso. El expolicía y abogado fue reclutado por Paz de emergencia, a última hora, luego de que el acompañante inicialmente elegido, el empresario potosino Sebastián Careaga, se alejara del PDC para unirse a la Alianza Unidad, de Samuel Doria Medina. Popular en redes sociales por videos de TikTok en los que denunciaba hechos de corrupción en la Policía, el oriundo de Villa Rivero (Punata, Cochabamba) fue un actor decisivo en la recta final de la campaña para la primera vuelta, sacando provecho de su condición de “outsider” de la política tradicional y cautivando a sectores populares.
No hay que ser adivinos para aventurarse a pensar que, de haberse mantenido Careaga en el binomio, este difícilmente habría podido meterse a la segunda vuelta electoral, menos aún ganar en la primera y el balotaje. Como tantos otros escépticos, el fallido vicepresidenciable no auguró mayor éxito al proyecto político liderado por Paz. Y quién lo habría culpado en mayo pasado, cuando ni siquiera la sigla del PDC estaba garantizada (Chi la reclamó para sí hasta el cansancio y vaya uno a saber qué habría ocurrido de haberse salido con la suya), su presencia en las encuestas era marginal y la oposición al MAS pregonaba construir un bloque único alrededor de Samuel o Tuto. El potosino se jugó por el primero y acabó perdiendo soga y cabrito. Ni siquiera le alcanzó para ganar la senaduría a la que postuló con Unidad. Mientras, el chapaco gallego salvó el brete y, al filo del plazo del TSE, inscribió junto a su nombre el del locuaz “tiktokero” alguna vez acogotado por un jefe policial. El aterrizaje forzado del “capitán” al terreno del PDC fue uno de los accidentes más afortunados, si no el que más, a la hora de encaminar el éxito electoral de Paz. El azar se había colocado del lado de la democracia cristiana.
DE TARIJA, CON AMOR
Otra cuestión a la que no se le presta mayor atención es la relativa al prontuario político de Rodrigo Paz, que está fuertemente vinculado a Tarija, un departamento con poco peso electoral. En el actual padrón, el departamento sureño registra 394.539 votantes habilitados, un número modesto si se tiene en cuenta que el total de Bolivia asciende a más de 7.9 millones de personas. Aun habiendo nacido en Santiago de Compostela (Galicia, España), el hijo de Jaime Paz Zamora hizo toda su carrera política en o por Tarija. Fue presidente del Concejo Municipal de la ciudad capital, su alcalde, diputado por una de sus circunscripciones y, en los últimos cinco años, senador por el departamento, cargo que aún ostenta.
Para bien y para mal, Rodrigo Paz es un político tarijeño. Su imagen está asociada a sus gestiones en y por esa región. Esto también es un accidente afortunado, porque, de haber hecho carrera política en otro departamento más poblado, como Santa Cruz, La Paz o Cochabamba, su destino electoral podría ser muy distinto. En Tarija no tienen un muy buen recuerdo de su paso como alcalde entre 2015 y 2020. No es casual que en el departamento del sur haya perdido tanto en la primera como en la segunda vuelta de los comicios generales.
Sin embargo, perder en Tarija no es tan decisivo como perder en uno de los tres departamentos más poblados del país. Si no, pregúntenle a Johnny Fernández o a Manfred Reyes Villa o, incluso, a Eva Copa. Pese a ser autoridades en funciones en tres de los municipios más poblados de Bolivia, acabaron con las manos casi vacías. Los dos primeros alcanzaron porcentajes pobres en la primera vuelta (6.75 y 1.67), mientras que la tercera debió bajarse de la competencia antes del 17 de agosto para evitar perder la personería de Morena. Es lo que le ocurrió al alcalde cruceño, mientras que el cochabambino no ganó ni en su mesa de votación, menos en el resto de Cochabamba.
En Bolivia, la gestión municipal no es garantía de una carrera política nacional exitosa ni mucho menos. Ser alcalde depara más sinsabores que glorias cuando se trata de buscar la presidencia del país. Pero, si de todas maneras alguien quiere intentarlo, podría ser una mejor idea proyectarse desde municipios con poblaciones medianas o chicas, también pertenecientes a departamentos sin un peso demográfico determinante. De esa manera, el costo de los fracasos municipales, que suele ser mayor que el de los logros durante las campañas nacionales, no pondría en riesgo su rendimiento general. Solo hay que reparar en que el PDC habría ganado el balotaje del 19 de octubre aun sin contar con un solo voto en Tarija: en el cómputo final, la diferencia del vencedor respecto a Libre fue de 634.873 votos, un número que casi duplica al total de votantes tarijeños.
Paz Pereira debe ser el único político de carrera que, antes de llegar a la presidencia del país, fue alcalde de un municipio, al menos en lo que va desde la recuperación de la democracia o, incluso, desde antes. El “secreto de su éxito” fue un accidente, el azar en su más arbitraria esencia: pertenecer a una familia de tradición política, pero que hace política y se proyecta hacia el resto del país desde una región con escasa incidencia electoral.
Hasta aquí llega esta recapitulación de algunos hechos injustamente ignorados o subestimados en los análisis sobre el porqué del triunfo de Paz-Lara en las elecciones presidenciales. No hay moralejas, pero sí una que otra sospecha para sucesivos procesos electorales. Acaso la más evidente sea que, como en el fútbol, en las elecciones no ganan necesariamente los mejores ni los que ponen más plata ni lo que tienen propuestas más sólidas. Ganan, muchas veces, los que cometen menos errores y los que tienen más suerte. La suerte que tuvo el PDC de que su primer candidato a la vicepresidencia los abandonara y dejara su lugar a Lara. La suerte que tuvo Paz de ser político y hacer política en Tarija, un departamento que, para bien y para mal, aporta pocos votos.



