Medio: Correo del Sur
Fecha de la publicación: viernes 22 de agosto de 2025
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Llamada también balotaje, la segunda vuelta —contemplada en la Constitución Política del Estado, pero nunca antes utilizado para elegir presidente— no es un mero trámite numérico, como tampoco uno de endoso, sino una oportunidad para fortalecer el pacto democrático y para que el debate nacional se centre, por fin, en las prioridades reales del país.
Si bien el próximo gobierno necesitará de mayoría en la Asamblea Legislativa Plurinacional para gobernador, la Carta Magna le da amplísimos poderes al presidente electo.
En ese contexto, el balotaje no debería ser entendido como una revancha, ni tampoco como un ajuste de cuentas definitivo. Es, más bien, un espacio para que las dos candidaturas finalistas contrasten sus visiones de manera ordenada, transparente y respetuosa. En lugar de apostar por la guerra sucia, las descalificaciones personales y la manipulación, el país merece una campaña donde el foco esté puesto en la economía, la institucionalidad, la seguridad, la salud, la educación y el desarrollo regional.
En un contexto tan delicado como el actual, de tensiones sociales latentes, crisis económica, polarización política y una institucionalidad debilitada, cualquier llamado a la confrontación puede derivar en un daño profundo a la convivencia nacional. Si algo demostró la jornada del 17 de agosto es que la ciudadanía quiere participar y hacer valer su voz. Esa misma ciudadanía espera ahora madurez, templanza y altura de miras de quienes aspiran a dirigir el país.
La democracia no se mide solo por la transparencia del voto, sino también por la calidad del debate público. Un balotaje limpio y propositivo permitirá que los electores decidan con más información y menos ruido. Se trata de elegir entre dos proyectos y, en última instancia, de definir un rumbo para los próximos años, con todos los desafíos y oportunidades que eso implica.
Entonces, Bolivia estrenará un capítulo nuevo en su historia electoral. Si lo hacemos bien, la segunda vuelta puede convertirse en un punto de inflexión hacia una política más madura, centrada y constructiva. Si lo hacemos mal, será un paso más dentro de la espiral de confrontación y descrédito que tanto daño le hizo al país en el pasado.
Hay una responsabilidad compartida: de los candidatos, para elevar el nivel del debate; de los partidos, para respetar las reglas del juego; de los medios, para informar con rigor y sin sesgos; y de la ciudadanía, para mantener el espíritu crítico y no dejarse arrastrar por la manipulación.
En este momento único de nuestra historia reciente, Bolivia tiene la posibilidad de mostrar que puede competir sin dividirse, debatir sin insultar y decidir sin miedo. Está en manos de candidatos y ciudadanos el ponerse a la altura del nuevo desafío.



