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Medio: El Deber
Fecha de la publicación: martes 12 de agosto de 2025
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Los tres candidatos que asistieron al debate expusieron sus estrategias para enfrentar la escasez de dólares, el alza de precios y el desempleo ante la siguiente consulta: “Bolivia atraviesa una crisis múltiple marcada por la falta de divisas, la depreciación del boliviano, el desabastecimiento de combustibles y el incremento de la pobreza y el desempleo. De ser elegido presidente, ¿cuáles son las medidas inmediatas que tomará para enfrentar de manera integral estos problemas y cómo las financiará?”.
En este contexto, los candidatos presidenciales Eduardo del Castillo (MAS), Pavel Aracena (ADN) y Rodrigo Paz (PDC) presentaron en el debate del TSE sus planes inmediatos para estabilizar la economía.
Eduardo del Castillo defendió su propuesta “Bolivia Primero”, con dos ejes (plata y vida) para inyectar 12.000 millones de dólares mediante inversiones en agro, minería e hidrocarburos. El objetivo, dijo, es aumentar exportaciones y divisas sin recortar derechos sociales:
“La solución nunca será afectar a los más pobres. Apostaremos a generar excedentes y reducir las filas en los surtidores”.
Pavel Aracena planteó una estrategia de liquidez rápida: obtener 6.000 millones de dólares en 60 días mediante un referéndum departamental en Oruro, Potosí y Santa Cruz que autorice vender hasta el 3% de las reservas de litio y tierras raras. El dinero serviría para estabilizar el dólar, importar combustibles y pagar aguinaldos.
Además, propuso recuperar oro de la reserva fiscal del río Madre de Dios y permitir depósitos bancarios sin declarar origen, para captar hasta 3.000 millones de dólares. Es simple y rápido: estabilizamos el dólar y aseguramos el próximo año escolar”.
Rodrigo Paz apostó por un cambio estructural: que los bolivianos reciban renta directa de los recursos naturales a través de un mercado de capitales, garantizando seguridad jurídica para atraer inversión. Su plan contempla recortar 1.300 millones en gastos superfluos y eliminar subsidios a empresas y contrabandistas para ahorrar 2.500 millones y reducir el déficit fiscal en un 60%.
“En 50 años, estatistas y neoliberales han hecho lo mismo: quedarse con la riqueza. Hay que devolvérsela al pueblo”, agregó.
El intercambio dejó en evidencia fuertes diferencias: Del Castillo acusó a otros candidatos de “querer robar el litio” mediante negociaciones a puertas cerradas, mientras Aracena respondió que su propuesta es la única que permite a los departamentos decidir vía referéndum. Paz, por su parte, insistió en que la propiedad de los recursos debe ser ciudadana y no estatal ni privada.
Desarrollo productivo
Además, los candidatos presentaron sus planes para impulsar el desarrollo productivo, mejorar la competitividad y atraer inversión, en un contexto de crisis económica y frecuentes conflictos sociales.
La pregunta del Tribunal Supremo Electoral fue directa: ¿qué acciones de política pública implementarían para diversificar la economía, reducir trabas a la inversión y devolver confianza a los actores productivos? El contexto incluyó problemas como contrabando, informalidad y bloqueos que paralizan las exportaciones.
Pavel Aracena planteó cinco pilares: “libertad para producir”, reforma pro-industrialización, revolución en infraestructura y logística, apertura agresiva de mercados internacionales con diplomacia económica, y desarrollo de capital humano con enfoque industrial. Propuso que las embajadas bolivianas se dediquen exclusivamente a abrir mercados y que empresas creadas por mujeres y jóvenes menores de 25 años no paguen impuestos.
“Se acabó que un recién egresado tenga que competir con viejos profesionales. Licitaciones solo para jóvenes y mujeres. No más planes importados: no Harvard, no Cuba, no Nicaragua. Primero los bolivianos”, subrayó.
Rodrigo Paz puso el acento en redistribuir recursos y formalizar la economía. Ofreció un salario universal para mujeres cuidadoras, transferir el 50% del presupuesto central a salud, educación y seguridad en las regiones y otorgar renta directa de los recursos naturales a cada ciudadano.
Para combatir la informalidad (85% de la economía), propuso créditos baratos, impuestos y aranceles por debajo del 10%, y una aduana público-privada “sin corrupción”.
“Cuidar es economía. Los recursos no deben quedarse en manos del partido o de pequeñas oligarquías. Hay que devolverlos al pueblo”, sostuvo.
Eduardo del Castillo defendió su plan “Bolivia Primero”, que combina crédito productivo a campesinos y agroindustria con grandes obras de infraestructura para integrar mercados. Planteó el “crédito vida”, que permitiría producir hoy y pagar mañana, y denunció la baja productividad agrícola por abandono estatal. Anunció cinco proyectos carreteros y ferroviarios para conectar Santa Cruz, La Paz y el Beni, incluyendo la conclusión de la bioceánica.
“Queremos convertir a Bolivia en el hub de las negociaciones regionales. Para que funcione, hay que cambiar al menos siete leyes y generar condiciones reales para invertir”, afirmó.
Aunque las propuestas coincidieron en abrir mercados y eliminar trabas, difirieron en el enfoque: Aracena apostó por incentivos tributarios focalizados, Paz por redistribución y formalización, y Del Castillo por grandes proyectos de integración física y créditos estatales.



