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Medio: El Deber
Fecha de la publicación: martes 12 de agosto de 2025
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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A pesar de ello, en los círculos de opinión no faltan los llamados al temor y a la desconfianza por el “voto oculto”, por los indecisos, por el peligro de fraude o incluso por la posible perpetuación en el poder del actual gobierno, tal como hizo Maduro en Venezuela. Esta agitación del miedo que impulsan algunos sectores no tiene fundamento en la realidad actual. La combinación de la crisis económica, el descredito por la corrupción y las peleas intestinas de las distintas facciones oficialistas han ocasionado que la gran mayoría ciudadana rechace a cualquiera de sus representantes, por lo que todo hace prever que cuatro de cada cinco bolivianos votaran por alguna de las opciones opositoras.
En estas circunstancias, en la que los bolivianos demandan abrumadoramente un cambio de rumbo profundo y rechazan a las opciones que representan al populismo autoritario, cualquier intento de fraude o de perpetuación en el poder sería ampliamente rechazado y no tendría la más mínima posibilidad de sostenerse, dado el malestar e incluso la rabia que siente la gran mayoría de la población contra quienes despilfarraron los dólares de nuestras reservas y nos han hecho retroceder cuarenta años para sufrir nuevamente una alta inflación, la escasez de los combustibles y el encarecimiento generalizado de los productos de consumo masivo.
Consecuentemente, lo que hubiera parecido impensable hace pocos meses hoy es perfectamente posible, que en la próxima Asamblea Legislativa Plurinacional quienes vayan a la segunda vuelta sumados tengan una amplia mayoría, tanto en Senadores como en Diputados, y que el masismo quede relegado a una posición minoritaria en la Asamblea e incluso corra el riesgo de quedarse fuera del Senado. Si se suman las cuatro fuerzas opositoras con opciones de lograr representación parlamentaria está claro que tendrán más de dos tercios en el Legislativo para realizar los cambios en las leyes que demanda la crisis actual, sentar las bases de un modelo de desarrollo basado el Estado de Derecho y la libertad económica, así como institucionalizar importantes entidades estatales mediante la elección de sus principales autoridades por mayoría calificada, tal cual establece la Constitución.
Esta posibilidad de que quienes representan a las fuerzas democráticas consigan una mayoría tan contundente en la Asamblea Legislativa implica una gran oportunidad y también una inmensa responsabilidad, tanto para los votantes como para los futuros gobernantes.
En el caso de los votantes, los ciudadanos tienen la oportunidad de elegir y no solo votar; elegir a quien consideren la mejor opción para solucionar los problemas económicos y también para gobernar un país con profundas diferencias y conflictos. Por eso cada votante debe aprovechar la posibilidad de por fin elegir a quien le parezca que tiene las mejores condiciones para enfrentar los inmensos desafíos que implican las soluciones que requieren los problemas políticos, económicos y sociales.
En el caso de los candidatos y futuros gobernantes tienen que estar conscientes que el país necesitará concertar acuerdos nacionales que pasaran por la conformación de una amplia coalición de gobierno que tenga la fortaleza y la cohesión necesaria para estabilizar la economía y pacificar el país después de años de autoritarismo, conflictos y enfrentamientos entre bolivianos. Se requerirá verdaderos estadistas que tengan la capacidad de superar los enfrentamientos de la etapa electoral para consensuar las reformas y medidas que Bolivia requiere.
Es entendible que a muchos les cuesta creer que este cambio es posible después de dos décadas en las que se ha vivido con el miedo a la persecución estatal. No obstante, la mejor forma que cada ciudadano tiene para contribuir al cambio que necesita Bolivia es votar y elegir sin miedo para iniciar el camino hacia la modernidad que demanda el siglo XXI.



