Medio: El Deber
Fecha de la publicación: miércoles 23 de julio de 2025
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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¿Qué debe hacer el nuevo gobierno? El gobierno que asuma el poder en noviembre de 2025 deberá definir el rumbo del régimen cambiario, en un contexto de escasez de productos básicos, desequilibrios externos acumulados y reservas internacionales en niveles críticos.
Si el gobierno es de centro-derecha o derecha: Probablemente se opte por desmontar el régimen de tipo de cambio fijo adoptado por la política económica del MAS, que actuó como ancla nominal y facilitó la bolivianización financiera -entendida como el uso corriente de bolivianos (moneda) en lugar de otras divisas, como el dólar de los EEUU-. En su lugar, se adoptaría un régimen de flotación administrada, donde la cotización se alinearía con el mercado paralelo. Este cambio podría provocar: Reversión parcial de la bolivianización, aumento sostenido de la demanda de dólares por razones estructurales y por histéresis. Mayor presión de demanda acumulada de importadores, turistas bolivianos en el exterior, estudiantes y otros demandantes ocasionales de divisas verdes.
Si el gobierno es de izquierda o centro-izquierda: A pesar de una posible resistencia ideológica, la falta de reservas internacionales limitará las opciones. Persistir en un tipo de cambio fijo sin respaldo sería económicamente inviable. La presión de la demanda contenida, la informalidad y la ausencia de instrumentos de intervención efectiva harían insostenible dicha política.
En ambos escenarios, se requerirá una transición hacia un régimen más flexible, acompañado de medidas compensatorias sociales, reconstrucción de reservas y fortalecimiento de la institucionalidad económica.
El reto será recuperar la estabilidad sin comprometer la credibilidad. La política cambiaria debe dejar de ser un instrumento de contención artificial y convertirse en un mecanismo eficiente de asignación de recursos, dentro de un marco de sostenibilidad fiscal y monetaria.
Ante la situación de incertidumbre económica, el sentido común es depositar la confianza en la divisa norteamericana, como unidad de cuenta y almacén de valor, aunque no necesariamente como un medio de cambio -porque ahí ya estaríamos en una sustitución de divisa verde en lugar de los bolivianos. Ahora, las circunstancias nos están induciendo a marchar hacia una dolarización, toda vez que los “verdes” están escasos en la economía y hay una demanda insatisfecha del sector privado y sector público, ya que el sistema financiero en general y el BCB en particular, no tienen capacidad actual de atender la demanda de dólares, para la compra de carburantes, medicamentos y otros productos importados. ¿El nuevo gobierno deberá revertir este tortuoso camino de la dolarización en el cual nos hemos enfrascado ahora o lo alimentará?



