Medio: El Deber
Fecha de la publicación: jueves 10 de julio de 2025
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Cada vez se confirma con mayor claridad que todas las expresiones del MAS, llámese Andrónico Rodríguez, Eva Copa y, en menor medida, Eduardo del Castillo, forman parte no solo del mismo tronco, sino que guardan lealtad al mismo líder: Evo Morales.
Durante años, Copa intentó mostrarse diferente al jefe del MAS. De hecho, llegó a afirmar que Morales había huido en 2019, mientras que otros, como ella, se habían quedado a defender lo poco que quedaba del proyecto.
La alcaldesa fue especialmente dura con el líder en desgracia e incluso se acercó a Luis Arce en los tiempos más duros de la disputa entre el presidente y el jefe de los cocaleros.
Durante años, Copa intentó mostrarse diferente al jefe del MAS. De hecho, llegó a afirmar que Morales había huido en 2019, mientras que otros, como ella, se habían quedado a defender lo poco que quedaba del proyecto.
La alcaldesa fue especialmente dura con el líder en desgracia e incluso se acercó a Luis Arce en los tiempos más duros de la disputa entre el presidente y el jefe de los cocaleros.
Pero, todo parece indicar que, tarde o temprano, hasta los hijos más díscolos vuelven a casa en busca de una bendición política. Copa, como tantos otros, es a fin de cuentas producto de una historia partidaria específica y no es extraño que ahora vuelva “a los viejos sitios” donde comenzó su aventura política.
Con Andrónico Rodríguez ocurre exactamente lo mismo. El candidato del MTS no habla mucho, pero cuando lo hace prefiere no referirse a Evo Morales y mucho menos romper el cordón umbilical que lo vincula con el líder masista. Es más, se sabe que aceptó el condicionamiento de su aspirante a la vicepresidencia, Mariana Prado, de no hacer nada contra Morales si llega al gobierno.
Al aceptar semejante condición, Rodríguez no solo quiere que los delitos de su jefe queden impunes, sino que admite que, de llegar a la presidencia, continuará sometiendo a la justicia para que haga lo que le dé la gana al gobierno.
Rodríguez es lo mismo que Evo. Cocalero, dirigente sindical en el Trópico de Cochabamba, fundador del MAS y disciplinado militante hasta que vio una ventana de oportunidad para comenzar, por su cuenta, sus andares políticos, sin que ello signifique, claro, olvidar su origen, ni ignorar su lealtad al líder y al modelo implementado por su partido hace 20 años.
El presidente del Senado, quien no renunció al cargo tal vez porque no quiere quedarse sin “pega” segura antes de tiempo, no tiene perfil, ni identidad propia. Los observadores encuentran similitudes hasta en el estilo de hablar con Morales, además de otras afinidades obvias en el contenido de su propuesta electoral.
Ni Copa, ni Andrónico y tampoco del Castillo, quien se ufana de haber sido el perseguidor de Morales, tienen un discurso o propuesta diferente a lo conocido. Arriesgan, a veces, una crítica del modelo de desarrollo social, productivo y comunitario, pero sin renunciar a esa línea. Y si tienen que hablar de levantar subsidios, dicen que irán con calma y de a poquito.
Palabras más o menos, los tres son representantes de la continuidad. Ninguno ha propuesto hasta hoy soluciones a la crisis económica que golpea al país desde hace más de dos años. No dicen cómo van a parar la inflación, cómo van a traer dólares, cómo van a garantizar el abastecimiento de combustibles y promover la reinserción de Bolivia en los mercados internacionales.
Los tres candidatos de lo que insisten en llamar “bloque popular” no renuncian a las fórmulas, ni las ideas que llevaron al país a una virtual quiebra. Son lo mismo del MAS o más de lo mismo, que no es lo mismo, pero es igual.



