Medio: El País
Fecha de la publicación: jueves 12 de junio de 2025
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Ningún sinsentido en ningún lugar del mundo se arregla con violencia. Al contrario, la desigual administración de la misma acaba generando víctimas, pero también heridas profundas que acaban destruyendo lo poco construido. Bolivia atraviesa hoy uno de esos momentos.
Es tiempo de los líderes, de tomar decisiones con profundidad y por el bien del país, descosido en lo económico, en lo social, en lo político y en lo institucional por la deriva de un proceso que está acabando en podredumbre. Es tiempo de dejar la mezquindad a un lado y actuar con grandeza, de dejar de tratar a los ciudadanos como ignorantes o tontos útiles y ponerlos en el centro de la resolución del problema.
Para hoy se ha convocado la enésima cumbre “por la democracia”, que se desarrollará entre cuatro paredes, donde cada cual dejará su eslogan y se pactará una serie de puntos que, después, tal como ha pasado en las anteriores, no se cumplirán. De por sí es complicado creer en ese tipo de cumbres cuando acuden personajes e instituciones del calibre del Tribunal Constitucional, que ha violentado el texto marco cuando ha querido hasta el extremo de suplantar a la Asamblea y prorrogarse en el mandato con una simple resolución, y a más, anular parcialmente el proceso que le llevaba a su renovación, o de un Tribunal Supremo Electoral que pide inmunidad vía “principio de preclusión” que ni siquiera ha sido capaz de aplicar en sus resoluciones y procedimientos, ideados, al parecer, para perjudicar la democracia y alimentar un mercado negro de siglas y candidaturas que es intolerable.
Sirve para Jaime Dunn – cuyas posibilidades de vencer la burocracia de la Contraloría son remotas – como para Evo Morales - que tiene demasiados puntos turbios en su haber como para seguir escondido en el Chapare -.
La democracia es otra cosa, pero resulta mezquino quedarse a esperar en un rincón a que el pueblo se mate para declarar vencedores y vencidos ante la inmundicia que rodea al poder judicial, al electoral, y también al ejecutivo que calcula cuánta culpa de la crisis puede derivar en la situación violenta luego de haber utilizado a su antojo al TCP y al TSE cuando le ha convenido, y también al legislativo, donde el oficialismo y la oposición no solo carecen de propuesta, sino de un mínimo norte sobre el que coordinar su estrategia ante el desvarío masista, la prisión de Camacho – que ya había perdido su bancada antes – y la recurrente renuncia de Carlos Mesa.
La cadena de reproches y cuentas pendientes es interminable, pero la realidad es que el país está bloqueado y muriendo de inanición por una crisis incontrolable sobre la que nadie quiere actuar. El pasado existe, no se borra, y en algún momento todos tendremos que rendir cuentas de lo hecho y no hecho, pero lo importante ahora es el mañana, ni siquiera el 17 de agosto.
La elección está tocada de muerte en tanto el proceso no ha sido limpio ni las normas han sido dictadas o supervisadas por personajes probos y están dejando sin representación a importantes nichos de población que hacen a la diversidad de Bolivia, y esto sirve para Jaime Dunn – cuyas posibilidades de vencer la burocracia de la Contraloría son remotas – como para Evo Morales - que tiene demasiados puntos turbios en su haber como para seguir escondido en el Chapare -.
La salida es por las ánforas, y no hay nada escrito en piedra ni que no se haya podido mover cuando la situación lo exige. Como en el 85, como en el 2003 – 2005, como en 2009 o como en 2019. Es el tiempo de los líderes de verdad. Es el tiempo de darle voz al pueblo. Es el tiempo de las ánforas, y cuanto antes, mejor.



