Medio: La Razón
Fecha de la publicación: miércoles 28 de mayo de 2025
Categoría: Institucional
Subcategoría: Tribunal Supremo Electoral (TSE)
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La intención de este artículo era la de iniciar con el análisis de las propuestas educativas de los candidatos en carrera electoral, en el entendido de que, una vez oficializadas las candidaturas, la atención podría concentrarse en sus programas de gobierno.
Lastimosamente el accidentado proceso de las elecciones generales de 2025 en Bolivia no logra salir de los temas formales. De acuerdo con el calendario electoral, el mismo plazo para inscribir a los candidatos estaba fijado para la presentación de los programas de gobierno con las que las alianzas y partidos debieran atraer al electorado.
Consulte: Voucher educativo
Haciendo una revisión de la página web del Órgano Electoral Plurinacional no he logrado encontrar los programas oficiales que debieron haberse presentado. Es cierto que algunos candidatos presentaron sus principales propuestas en actos de proclamación, pero éstos tienen más de marketing que de solvencia técnica que pueda ser analizada y discutida.
Las presiones, las denuncias, la judicialización, los trapitos sucios ventilándose, los globos de ensayo, los escándalos, las rasgaduras de vestidura, entre otros, son el foco de atención/distracción en el que los medios, las redes y algunos periodistas y analistas se embelesan casi sustituyendo al amarillismo que tanto rankea en los espacios y programas de «información».
En caso de que las elecciones efectivamente se desarrollen en agosto de este año, el proceso de difusión, análisis y discusión pública, sobre el cual debiera basarse la decisión personal de los electores, sigue postergándose y reduciendo el tiempo real en el que esta práctica, central de la democracia, debiera darse. En el mejor de los casos, los votantes tendremos dos meses para escuchar las propuestas y hacer el análisis y diálogo correspondiente. ¡Qué iluso!, pensarán algunos lectores pragmáticos que aceptan que la democracia ya sólo consiste en el ejercicio de sufragio y asumen que el análisis, la racionalización y la dialéctica no caben en la reducción, científicamente comprobada, de que las decisiones democráticas, las decisiones del electorado, son más viscerales que racionales, más emotivas que reflexivas, renunciando a la idea de la democracia como forma de organización de la sociedad y sus proyecciones basadas en la discusión y diálogo que derivan en un voto directo o delegado, pero siempre debidamente informado.
De seguir así las cosas, distraídos en las formas democráticas, las elecciones generales coincidirán con las últimas elecciones judiciales en la masiva participación desinformada y cuyos resultados serán simples efectos del manejo de las emociones (esperanzas, odios, amores y una larga lista de etcéteras irracionales), por medio de las redes, cada vez más profesionalmente manipuladoras.
Y no es que las emociones no deban ser consideradas a la hora de las decisiones; éstas son parte substancial de la naturaleza humana, pero en temas tan complejos e importantes como el futuro de una sociedad, éstas deben ir armonizadas con la razón y la voluntad de acción.
De continuar con esta tendencia en la «democracia» boliviana, el riesgo es de focalizarnos sólo en los temas urgentes como los dólares, los combustibles y el alza de precios, con lo cual el recurso a respuestas simplistas y cortoplacistas no cederá espacio a las miradas de mediano y largo plazo, a la focalización en cambios que pueden incidir en las estructuras (lo importante). Aún así, debemos buscar y exigir las instancias que nos permitan ejercer nuestro derecho y deber democrático de manera consciente y responsable y evitar conformarnos con los simples maquillajes e improvisaciones con los que perpetuamos en nuestra sociedad la falta de condiciones para proyectar, con realismo, un futuro medianamente distinto al que nuestras miopías, históricas y presentes, nos vienen arrastrando.



