Medio: El Deber
Fecha de la publicación: viernes 09 de mayo de 2025
Categoría: Institucional
Subcategoría: Tribunal Supremo Electoral (TSE)
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Dos organizaciones menos. FPV y PAN–Bol quedaron fuera del escenario político por haber incurrido en una serie de falencias. La decisión del TSE era previsible, aunque no está exenta de polémica, sobre todo porque no se aplicó rigurosamente el principio de preclusión. De todos modos, sienta un importante precedente. Naturalmente, una democracia plena debe tener amplios mecanismos de participación política, pero ello no implica la proliferación de siglas cuyo “valor de mercado” aumenta en épocas electorales, lo que deriva en oscuros negociados. Tan simple como eso.
Un partido plagiador. En ese contexto, vale la pena recordar que, en 2019, el Frente Para la Victoria (FPV) plagió la propuesta electoral de la organización Orden, de Perú, y la presentó como su plan de gobierno. Cuando fueron descubiertos, los dirigentes —léase la familia Rodríguez— se limitaron a mencionar que “olvidaron colocar las referencias bibliográficas”. ¡Vaya justificación! Y no contentos con ello, para las elecciones de 2020, el partido FPV/familia Rodríguez repitió la copia, pero con menos páginas. Nada más. Solo por semejante descaro debieron ser sancionados hace tiempo.
Y los candidatos golondrinas. De esos hay bastantes: Chi Hyung Chun tiene más cobertura que estructura. Amparo Ballivián se lanzó a la arena y tuvo sus cinco minutos de fama mientras era precandidata del Bloque de Unidad, pero ¿partido? ¿militancia? ¿estructura? ¡Nada! Jaime Dunn, tres cuartos de lo mismo, con más vistas en redes que intención de voto. Al final, negoció con ADN, PDC y NGP. Una vez más: el derecho a la participación es inalienable, pero la racionalidad y la honestidad también importan, mucho más que otras cosas.



