Medio: La Razón
Fecha de la publicación: domingo 23 de febrero de 2025
Categoría: Institucional
Subcategoría: Tribunal Supremo Electoral (TSE)
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“Considerando el contexto actual, ¿cuál es su principal sentimiento sobre el futuro del país en los próximos meses?”. Terrible pregunta. Se la formuló en una encuesta nacional de la Fundación Friedrich Ebert (FES Bolivia), en septiembre de 2023. Un mayoritario 38% respondió “incertidumbre”, 24% dijo “miedo”, 19% sentía “esperanza” y un 13% expresó “indiferencia”. Se volvió a preguntar hace pocas semanas: 34% siente “miedo”, 30% expresa “rabia”, 18% “incertidumbre”, 7% “esperanza” y 5% “indiferencia”. Las diferencias son inquietantes.
Que alguien tenga incertidumbre sobre el futuro supone ansiedad y duda: la situación siempre puede ser peor, pero también podría mantenerse o incluso mejorar. Hay lugarcito para la ilusión. Los sentimientos de miedo y de rabia, en cambio, implican angustia con bronca: no hay sitio para la esperanza. Son emociones muy delicadas. Peor todavía en un año electoral sazonado con crisis, pesimismo, desconfianza y fragmentación. Las percepciones importan.
En los liderazgos, según el reciente estudio Delphi de la FES, predomina todavía, ampliamente, el sentimiento de incertidumbre. No está mal. Igual en gran mayoría opinan que el país va por mal camino y que la situación tanto política como económica es (muy) mala y empeorará en los siguientes meses. La confianza en las instituciones es bajísima y hay creciente preocupación por la conflictividad. Ni hablemos de la fuerte desaprobación de la gestión presidencial y del pésimo desempeño de la oposición.
Son datos complicados, que expresan el estado de la opinión en el país cerquita de la convocatoria a las elecciones. Poco queda en pie. Así, ¿cómo llegaremos a los comicios? En esto las percepciones de la ciudadanía son también preocupantes: el 48% desconfía del TSE (solo 24% confía y otros son indiferentes), el 42% supone que probablemente habrá fraude (frente al 37% que espera elecciones probablemente limpias) y el 55% desconfía del padrón electoral (solo el 26% confía). La palabra blindaje, como necesidad, se queda corta. Estamos en los mínimos.
En tal escenario, habitan cuestiones que polarizan: la situación económica, la posible candidatura de Evo, las propias elecciones, entre las más relevantes. Pero también hay temas de consenso: la votación debe realizarse sí o sí en agosto (no caben profetas del colapso ni tentaciones de prórroga), se requieren ajustes estructurales en la economía y es necesario reformar la justicia. Estos dos últimos temas encabezan la muy compleja agenda del día después: ¿cómo saldremos, si acaso, de las elecciones?
Por ahora, como bien aconseja Lec: “Construyamos frases provisionales. Por si hubiera un terremoto”.
FadoCracia ayudadora
1. El chiste/titular se cuenta solo: “La suspensión de fondos de Usaid, el último gran golpe a la prensa independiente latinoamericana” (El País). 2. ¿En qué quedamos? ¿Son medios independientes o reciben fondos de Usaid? Parecen principios excluyentes. ¿O acaso Usaid les financia su “independencia”? 3. La ayuda global de la agencia estadounidense es generosa. En 2023 sostuvo 707 medios, 6.200 periodistas y 279 ONG creadas para influir en la prensa. Pobres, de pronto quedaron huérfanos de financiamiento. ¡Y de independencia! 4. Ahí están los que reciben fondos “para proyectos de investigación y reportajes periodísticos” (sic). Y también las bequitas de la NED para operadores mediáticos de la oposición. 5. Claro que la independencia de medios/periodistas no depende solo de Usaid. El estafador Milei en Argentina acaba de poner en vitrina a los “periodistas ensobrados”. 6. También están los sindicatos de la prensa que quieren cobrar para acreditar cobertura. Estos Carnavales mediáticos tan independientes, quién inventaría. 7. Y no faltan los “periodistas paparazzi”, con delirium tremens. Tienen documentos, pero les falta ética. Y estética: feos, feítos, feos.