Medio: Correo del Sur
Fecha de la publicación: viernes 01 de noviembre de 2024
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Resulta que los bloqueos de caminos que ejecutan hace casi 20 días los seguidores de Evo Morales, tan radicales que parecen encaminados a confinarse a una republiqueta —como pronostican algunos—, han cambiado de objetivo. Comenzaron con un pliego de peticiones que incluía los manidos reclamos por la irregular provisión de carburantes y la escasez de dólares, pero acabaron pidieron la impunidad de los actos delictivos de los que se acusa al líder cocalero y, últimamente, la renuncia del presidente Luis Arce.
Todavía suena paradójico que el MAS ponga al MAS una serie de condiciones para desactivar las protestas. Y que el MAS responda al MAS que ninguna de sus condiciones será aceptada mientras se mantengan las medidas de presión en las carreteras del país. A esta altura, todo el mundo tiene claro que la pelea aquí es fraticida, interna, dentro del partido de Gobierno.
Pero, se van consolidando algunas diferencias al interior del todavía fuerte Movimiento Al Socialismo (MAS); fuerte respecto a sus potenciales rivales de la oposición. Una de ellas está en la evidente intención de Morales —confesada además públicamente— de que el periodo democrático del actual presidente se interrumpa antes de tiempo señalado por la Constitución Política del Estado (CPE).
Morales y los suyos no han encontrado otra vía que la apuesta de la desestabilización del Gobierno para buscar, a como dé lugar, la habilitación de la candidatura a la presidencia, pese a que se ha establecido jurídicamente, en los ámbitos nacional e internacional, que no corresponde. El argumento del “derecho humano” ha sido desestimado en diferentes instancias y ya no es posible pensar en una nueva postulación del exmandatario.
El afán de imponer la candidatura de Evo Morales, yendo contra la legalidad, deja también al descubierto las estrategias políticas, además de la utilización de sectores sociales, con fines electorales.
“El fin justifica los medios”, histórica frase atribuida al filósofo político italiano Nicolás Maquiavelo, en realidad tiene antecedentes en otros autores. Refiere a la persecución de objetivos innobles, sin importar el camino.
En el caso de la actual coyuntura boliviana, está visto el perjuicio de los bloqueos. El más notable es el económico, que ya se cuenta por miles de millones de dólares. Pero no es el único.
Nuevas generaciones de bolivianos crecen con la idea de que la solución a los problemas de la sociedad pasa por la paralización de la maquinaria productiva del país. Se trata de un chantaje: “Si no atiendes mis exigencias, te perjudico”.
Pero este método acaba siendo un sinsentido, pues el perjuicio no discrimina y termina afectando incluso a los movilizados. No hay un solo habitante del país que no se perjudique con los bloqueos, si se toma en cuenta que estos inciden en la productividad de todos los actores económicos y, en definitiva, a las familias, que consumen la mercadería provista por esos sectores. Por esta razón es que molestan los bloqueos, sobre todo cuando tienen como protagonistas a grupos ínfimos en relación con el resto de la población. También cuando sus demandas tienen un propósito electorero y cuando sus movilizaciones se vuelven violentas e inescrupulosas, al punto de no importarles ni la vida propia ni la de los demás. Bolivia tiene que crecer en ese sentido: no puede ser posible que el Estado no haga respetar la sana y respetuosa convivencia entre sus habitantes. En eso consiste la democracia bien entendida, y no en la prevalencia de los más fuertes contra los más débiles, en un país sin ley, donde las diferencias se resuelven como en los tiempos de las cavernas.