Medio: EJU TV
Fecha de la publicación: jueves 30 de mayo de 2024
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Según el organismo electoral, el costo de organizar unas
primarias es de 29 millones de bolivianos. El costo de hacer unas encuestas
está al alcance de los precandidatos que se acojan a un procedimiento que las
aplique para determinar el ganador de unos debates.
De esta manera, todos los precandidatos pueden presentar y
defender sus propuestas. Los votantes de la oposición evaluarán cuál puede
derrotar al populismo en las urnas. Este procedimiento se presenta con mayor
detalle en “El abrumador silencio de los precandidatos opositores” (Visión360,
28 de mayo).
Este procedimiento no evita que el gobierno de Arce, al
igual que el de Maduro en Venezuela, manipule la elección para anular una
candidatura con opción de triunfo, o que vuelva a hacer fraude para evitar que
un opositor gane en primera o segunda vuelta.
Tampoco es una alternativa válida para los que prefieren que
el populismo toque fondo con un mal gobierno a que un opositor reciba un país
quebrado, con el MAS armando una guerra civil para tumbarlo.
Un candidato furiosamente anti-masista perdería el voto del
centro. Una figura moderada sería capaz de captar el voto de la clase media
emergente hastiada con el MAS. Bajo este procedimiento, los anti-masistas
rábidos deberían transar por un candidato de perfil popular.
La tarea de cualquier opositor que tome en serio el desafío
electoral consiste en superar tres obstáculos:
Conquistar el voto decisivo de la clase media emergente que
ya no quiere ser como Evo, evitando despreciarla con aires de superioridad
social o étnica.
Documentar, delatar y anular el próximo fraude electoral sin
el cual ningún candidato del régimen puede ganar las elecciones presidenciales
de 2025.
Evitar la división del voto opositor con una figura de peso
electoral comprobado, dejando que los aspirantes de menor peso se limiten a
exhibir su vanidad.
Los que aceptan este panorama realista se dan cuenta de que es urgente debatir sobre cada uno de estos tres obstáculos por separado, así como sobre su efecto conjunto. Algunos precandidatos ya se han abierto a discutir cómo se puede evitar la división del voto opositor.
Tres fuerzas aceptaron la invitación de una ONG basada en
Estados Unidos. Ronald MacLean filtró la noticia. Denunció esa reunión como un
intento velado de realizar un pacto secreto. Los portavoces del populismo se
abalanzaron para decir que era un trato cocinado en la Casa Blanca para dar
órdenes de marcha a los lacayos del imperialismo.
Enrique Urquidi, Jefe
de Bancada de Comunidad Ciudadana (CC) en la Cámara de Diputados, develó que en
la cita participaron Carlos Alarcón en representación del líder de CC Carlos
Mesa; Samuel Doria Medina de Unidad Nacional (UN); y Zvonko Matkovic como
delegado de Luis Fernando Camacho, Gobernador de Santa Cruz y líder de Creemos.
Urquidi fue claro: “Estamos en democracia y en democracia,
el diálogo y este tipo de acercamientos son importantes y fundamentales para
generar lo que la ciudadanía está pidiendo, una alternativa seria y responsable
que termine con el régimen masista en el 2025.”
Los aludidos desmintieron haber asistido a esa reunión para
lograr acuerdos electorales. Tal vez estimaron que la acusación de MacLean
podría costarles votos.
También es probable que el inmediato repudio de Manfred
Reyes Villa a los pretendidos acuerdos responda a una lectura del sentimiento
de muchos votantes. Una mayoría de la gente rechaza a los políticos de todos
los colores y olores. Percibe sus acuerdos como trampas que esconden pillerías.
Manfred declaró que es el momento de hacer gestión y no de entrar
en campaña. Lanzó su campaña negando estar haciendo campaña. Aprovechó el
momento para echar leña a los precandidatos con los que compite.
Es un precandidato que domina los trucos de la política
local. Además, tiene una comprobada capacidad de gestión, con la cual está
captando el voto de los barrios populares. Por temor a estas cualidades, el MAS
lo tiene bajo amenaza de cárcel, alegando delitos inventados. Basta la firma de
un fiscal o un juez obediente al gobierno para que lo metan adentro.
No sorprende que sus rivales lo ataquen. Apuntan a captar a los votantes de la elite que están decepcionados con su intento de evitar la cárcel mediante un presunto arreglo con el gobierno. Sienten que es un traidor a su clase. No se dan cuenta de que la primera condición de la política es sobrevivir. La segunda es salir de tu propia burbuja.
Una cosa es debatir en serio las ventajas y desventajas de
un proyecto que trata de evitar la división del voto opositor. Otra cosa es
dividir ese voto pretendiendo unificarlo, oponiéndose a cualquier intento de
unirlo. Cada vez más votantes se dan cuenta de estas jugarretas.
Las contorsiones de los precandidatos afean la democracia,
pero no la matan. Lo que la puede matar es la continuidad del populismo que
ganó elecciones sin fraude el 2005, el 2009 y el 2020, y que se impuso con una
variedad de trampas el 2014, el 2016 y el 2019.
Lo más destacable de este descolorido panorama electoral es
que cuatro precandidatos opositores tuvieron el valor de anunciar públicamente
en La Paz y Santa Cruz que están en una campaña abierta para evitar la división
del voto opositor.
Amparo Ballivián, Vicente Cuéllar, Carlos Boehrt y Agustín
Zambrana suscribieron un acta comprometiéndose a apoyar a quién se imponga en
unas primarias bien organizadas, en unas encuestas confiables o en cualquier
otro método que permita determinar cuál pretendiente tiene las mejores opciones
de derrotar al populismo.
Estos cuatro precandidatos han mostrado que se puede hacer
una campaña limpia en un país donde lo que se conoce mejor y se admira más son
los golpes bajos. Reprochar su iniciativa es ensuciar la olla común.
Los demás pretendientes están invitados a firmar esta feliz
iniciativa. Solamente la firmarán los que entienden que es preferible ganarle
al populismo el 2025 a dividir el voto opositor por un acto de figuración
personal.



