Medio: La Razón
Fecha de la publicación: domingo 08 de octubre de 2023
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
El congreso del MAS, que se celebró en Lauca Ñ entre el martes y miércoles de la semana pasada, tuvo el final previsto, con Evo Morales reelegido como presidente de ese partido y catapultado para ser candidato presidencial en 2025. De un modo u otro, fue también el primer momento dentro de una medición de fuerzas que tendrá un segundo tiempo con el cabildo del 17 de octubre en El Alto.
Ahora bien, mucho pasó en esos dos días que duró la cita, tanto dentro de la misma como por fuera. Hay acciones jurídicas en curso que cuestionan la validez del congreso, así como una respuesta movilizada en marcha. El congreso constituye un momento particularmente rico en información para hacerse una idea de lo que está pasando dentro del partido de gobierno. Para desenmarañar y exponer la abundancia de lo sucedido, conversamos con el politólogo tarijeño Carlos Saavedra. El analista expone sus percepciones e ideas con claridad objetividad, escudriñando los detalles relevantes, sin perder de vista el cuadro grande.
¿Cómo se puede entender lo sucedido con el congreso de Lauca Ñ?
Mirar el congreso de Lauca Ñ, definitivamente es ver cómo se está reconfigurando el MAS, en esta crítica profunda que tiene. En ese sentido, el congreso de Lauca Ñ ha sido un capítulo más que está profundizando la división. El MAS, a diferencia de los partidos tradicionales, tenía una morfología política distinta, que de alguna manera recuperaba en su esencia la construcción de decisiones políticas a partir del pluralismo de las organizaciones en el campo popular.
Al MAS no se lo puede comparar con partidos como ADN, UCS o el MIR. Esas eran siglas que siempre tenían una cúpula y por arriba de ésta una especie de dueño, el que definía. El MAS tenía siempre esa pluralidad de actores que hacía su compleja la toma de decisiones políticas, pero que también lo hizo fuerte en el campo popular. Hoy vemos que hay una división clara, marcada, entre quienes enarbolan esa lógica de cúpula, del lado del liderazgo de Evo Morales, y por otro lado el ala del presidente de Luis Arce, que quiere enarbolar el rol de las organizaciones. Entonces, lo que hace el congreso de Lauca Ñ es profundizar la división, en una lógica ya casi reconciliable de construcción de caminos distintos. Primero comenzó como una disputa discursiva, algo más mediática o en algunos espacios institucionales como la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP). Hoy ha pasado a un siguiente escalón, que ya es la disputa jurídica por el control del MAS como instrumento electoral. Veo que estamos a puertas de que, a partir de algunas decisiones jurídicas que se tomen, esta disputa pase a darse en las calles; con bloqueos y movilizaciones. Este otro nivel de confrontación entre estos dos segmentos los está encaminando hacia un suicidio colectivo.

¿Cuál es la naturaleza de esta brega?
Creo que no hay ningún tipo de disputa ideológica. No hay diferencias ideológicas o programáticas, no hay en juego un horizonte de futuro distinto entre lo que haya plantean ambas alas del MAS. No es que los radicales y los renovadores están pensando en un país de manera diferente. Lo que hay es una mera disputa de poder y la disputa por quién va a ejercer el liderazgo. Ahí Evo Morales, a partir de un liderazgo histórico, tiene mucha fuerza como sujeto histórico, político, pero ha descuidado mucho su relación con las organizaciones. Escuchaba la declaración de un dirigente de los interculturales, que decía que el congreso de Lauca Ñ ha sido el congreso de los exministros. Claro, esa fue la impresión que dejó, de que Evo está con el círculo más pequeño. Y da la impresión de que cada vez está más intolerante a las críticas.
Lo que ha pasado, por ejemplo, con Álvaro García Linera, a quien Evo Morales ha tildado de falso analista, de traidor, por el hecho de plantear que hay dos liderazgos, retrata el momento por el que está pasando el pensamiento del expresidente, sin un margen mínimo para la disidencia.
Arce, por su lado, sin tener ese perfil histórico, político, tan potente como tiene Evo, a partir, obviamente, de la institucionalidad del Estado, y de tener algo más de habilidad política, ha logrado acercarse a organizaciones sociales. La Central Obrera Boliviana (COB) le está apoyando, los del Pacto de Unidad también, a excepción de Conamaq. Entonces, por un lado, se tiene una figura histórica y política fuerte, como Evo, pero más aislada. Y por otro lado está el presidente Arce, que ha conseguido una alianza con las organizaciones que son parte de la esencia del MAS. Luego, parece que definitivamente estarían apuntando todos al quiebre y que se tenga otro tipo de resolución para esta fisura.
¿Quiénes y cómo son los bandos enfrentados?
Estamos en un momento de transición y renovación de élites políticas al interior del MAS y este recambio no está siendo un proceso ordenado. Están enfrentados dos extremos. Las élites tradicionales, políticas del MAS, que se resisten a cualquier tipo de cambio, frente a las voces renovadoras que plantean barrer con todo lo antiguo. Esto definitivamente genera una fractura política profunda, porque hay unos que quieren barrer con todo el pasado y hay otros que quieren volver al antiguo esquema de poder, sin modificar nada, ni un milímetro, ni considerar a los nuevos actores. Ahí hay un problema con los liderazgos, que no están sabiendo conducir las cosas hacia algo que es natural, que es una renovación de élites políticas sin defenestrar todo el pasado, pero logrando construir lo que es una hibridación de lo nuevo con algunos conductores históricos de lo que ha sido la construcción del Estado Plurinacional. La transición está siendo muy traumática. Hay actores que están jugando con posiciones muy radicales que hacen imposible el tránsito natural de renovación de élites sin desestimar todo lo del pasado, pero abriendo nuevos espacios.
En medio, la cuestión de las candidaturas en 2025 parece atizar el conflicto, por lo menos para uno de los bandos.
Definitivamente hay un apresuramiento que está llevando a cometer muchos errores políticos, muchas torpezas, al forzar la candidatura del expresidente Morales. Ahí definitivamente se está cayendo en el error que fue capital para Evo. La gente en 2019 no cuestionaba la construcción del Estado Plurinacional como horizonte de futuro para los bolivianos, sino que cuestionaba las formas de administración del poder, donde uno de los principales elementos de interpelación al liderazgo de Morales era el autoritarismo. Él está volviendo a caer en eso, se lo está volviendo a ver autoritario, queriendo forzar su candidatura. Es la forma en la que él presenta su candidatura, en una especie de auto proclamación y después haciendo ratificar esa decisión en Lauca Ñ. La gente vuelve a recordar ese mal momento que tuvo el expresidente en términos políticos, en 2019, y recuerda esa faceta con la que pocos comulgan, que es la de un liderazgo muy autoritario, que no está escuchando lo que está pasando alrededor. Ahí hay una estrategia que no está funcionando, que no considera que el forzar una candidatura no le va a sumar políticamente y más bien va a volver a reafirmar las variables más negativas de su liderazgo.
¿Cómo queda la legalidad del congreso, luego de las acciones legales interpuestas?
Efectivamente, además de la crisis de legitimidad ya abordada, está la crisis de legalidad, que es el otro elemento fundamental del análisis para valorar lo que ha pasado en Lauca Ñ. La admisión del amparo constitucional que presentan la organización de mujeres Bartolina Sisa abre otro escenario. Al parecer, hay mucha materia judicial para que este amparo, el 23 de octubre, sea declarado procedente. Eso haría que se vuelva a foja cero, lo que significa que Morales continuará como máximo dirigente del MAS, pero con la antigua directiva. Veo difícil que le puedan quitar fácilmente el control del instrumento político, pero sí que sería un golpe duro a esta iniciativa política de validar el congreso de Lauca Ñ. Además, hay otro elemento que también puede hacer tambalear el congreso de Lauca Ñ, que es el informe del Servicio Intercultural de Fortalecimiento Democrático (SIFDE). Revisando lo que ha pasado en el congreso y viendo el estatuto del MAS, hay muchas fallas procedimentales y de incumplimiento a lo establecido. Por dar un ejemplo, la Comisión de Poderes tenía que estar conformada por organizaciones matrices que reconoce el Estatuto y no hubo presencia de representantes acreditados de las mismas. Veo que hay mucha complejidad y que, con todo, lo que pasó en Lauca Ñ es frágil en términos jurídicos. Ahora, obviamente cualquier decisión legal también va a ser utilizada de manera política para decir que ha sido el poder del Estado el que ha hecho caer el congreso.
También puede leer: El bifurcado camino hacia el congreso del MAS en Lauca Ñ
¿Se viene el segundo tiempo?
El cabildo de El Alto va a ser la respuesta política a la cita de Lauca Ñ. Lo que han argumentado las organizaciones en sus conferencias ha sido que su participación fue reducida al mínimo en el congreso del MAS. De 200 representantes delegados que tenían, pasaron a cinco. Eso va, según lo que plantean, contra la esencia misma del MAS, que era el control de un instrumento político obtenido por las organizaciones. Ahora bien, asumo como hipótesis que en El Alto se van a definir cuáles son las directrices políticas y jurídicas paraque intenten retomar el control del MAS o, si esto no se consigue, empezar a construir una nueva alternativa política. El cabildo de El Alto va a ser esclarecedor para ver cuál es el rumbo de las organizaciones y de los renovadores.
¿En qué situación queda Evo Morales?
En un determinado momento, Álvaro García Linera planteó que el liderazgo, en este caso, el de Evo Morales, era el origen y el fin de un proceso político. Hoy se están viviendo las consecuencias de tales ideas. Es muy, muy peligroso mitologizar a los liderazgos. Esa construcción de mitos políticos hace que después se tenga una autopercepción muy autoritaria. Esto ha generado definitivamente una fractura, primero de Evo Morales con las clases medias, que en determinado momento le daban victorias contundentes al MAS y ahora ya en un rompimiento con las propias bases. Escucho a mucha gente que dice, nosotros respetamos el rol histórico, la potencia histórica que ha tenido Evo, pero la discusión profunda al interior del MAS es si el MAS nace y muere con Morales o logra trascender más allá de él; sin depender de su rol histórico ni estar condicionados al valor que tuvo. Veo que hoy ya se está entrando en esa discusión y creo que hay una fuerte exposición de eso. Hoy se ve que es tanta la necesidad de volver al poder de Evo Morales, que está dañando a un gobierno que ha sido elegido con el apoyo de él mismo. Eso le va a pasar a una factura política muy profunda, ya no sólo en los sectores opositores que ya cuestionaban la faceta autoritaria de Morales desde hace mucho tiempo, en las clases medias que alguna vez lo apoyaron y que hoy dudan de él, sino también en sus propias bases.
Álvaro García Linera sostenía que la conducción debía volver a estar en manos del movimiento indígena campesino.
Es complejo manejar este tipo de discursos porque el MAS no es un instrumento exclusivamente campesino o indígena. Más bien, la gran habilidad histórica del MAS ha sido construir alianzas que ni la izquierda tradicional urbana, ni los movimientos indígenas, ni los movimientos campesinos habían logrado establecer. Concuerdo en que no se puede gobernar sin tener a los campesinos, los indígenas. Pero ya llevarlo a un extremo de que el único conductor puede ser un indígena, un campesino, y a eso ponerle nombre y apellido, creo que es una deformación de la construcción narrativa de lo que es el MAS. Es una deformación que se hace para favorecer algún tipo de candidatura.
Ahora bien, el Gobierno de hoy puede decir que gobierna con indígenas a la cabeza. Choquehuanca es parte del binomio presidencial. Veo que esto es parte también de las estrategias internas por posicionar a uno u otro candidato.
Más allá de eso, pienso que el MAS tiene que comprender que el sujeto interpelante al poder desde la década de 1990 y del 2000, hasta la guerra del agua y la guerra del gas, se ha transformado. Luego también hubo una transformación, producto de los 15 o 16 años de gobierno, que presentan un otro sujeto interpelante, que también tiene la aspiración de ser conductor del Estado. Entonces, esa mirada más étnica, más racial, que plantea una supremacía, yo creo que termina deformando o distorsionando lo que el MAS es y lo que el MAS ha hecho. Los dueños del MAS son una multiplicidad de actores. Sí o sí tiene que haber presencia indígena, campesina, pero no tiene que ser necesariamente la única, no tiene que estar predestinada a ser la dominante por sobre los demás, sino que tenga una lógica de articulación de campo popular.



