Medio: El Deber
Fecha de la publicación: lunes 09 de octubre de 2023
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Asambleas, cabildos y congresos
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Rolando Tellería A.
En una columna anterior había afirmado que el Congreso de Lauca Ñ se iba a constituir en un punto de inflexión y el inicio de una nueva historia, en la división y los conflictos al interior del Movimiento al Socialismo (MAS), en tanto partido e instrumento político.
En efecto, luego de su finalización, el MAS quedo formalmente “partido” en dos facciones. Dos grupos: los del ala “radical”, a la cabeza del caudillo y los “renovadores” flanqueados por Arce Catacora. Para algunos, de cara a las elecciones del 2025, en esta lucha que “oficialmente” se inicia, la disputa será visceral y aguda.
Dos ámbitos cobraran fundamental importancia. La “querella” por la sigla y la disputa por el control de las organizaciones matrices, fundadoras del instrumento político. Entre ellas, fundamentalmente, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia (Cscib) y la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia “Bartolina Sisa”.
Pero, veamos, en ese sentido, cuáles son las capacidades y los recursos de poder de cada grupo.
La facción radical, en el “cuestionado” congreso”, ratificó a Morales como presidente del MAS- IPSP y se lo proclamo como “candidato único” de la sigla para el 2025. Tal como lo tenían, “a pie de juntillas”, planificado. Se puso de manifiesto que la sigla MAS – IPSP es propiedad de Morales. El es el único dueño. Por lo tanto, es el líder “for ever”. En las decisiones de este Congreso, legitimas, según ellos, habrían participado los “representantes” de todas las organizaciones matrices del instrumento político. Más adelante, como se observa, la disputa será en torno a quien está con las organizaciones genuinas.
A su vez, la facción “arcista”, si bien está dando dura batalla en la querella por la sigla en el Tribunal Supremo Electoral y el Tribunal Constitucional Plurinacional -donde, al parecer, todavía hay resabios “evistas”-; se ha concentrado más en el control de las genuinas “organizaciones sociales”. Donde, en términos de poder, la CSUTCB es la más gravitante. Dicho sea de paso, tiene, en su constelación de sindicatos, más de cuatro millones de afiliados, es decir casi el 54% del padrón electoral.
Ahora bien, esta facción, en un ejercicio de “musculatura política”, esta organizando para el próximo 17 de octubre, un gran Cabildo. En términos de correlación de fuerzas, si la magnitud de ese Cabildo es como ellos están pensando, con la presencia de más de dos millones de “militantes” (con empleados públicos y sus familiares, podrían lograrlo) y la participación de las genuinas organizaciones matrices; la diferencia en “fuerzas” y capacidad de convocatoria será muy desproporcional a favor de ellos. En ese escenario, incluso, más adelante, hasta podrían prescindir de la sigla, que se les “habría sido arrebatada”.
Entonces, así como el Congreso de Lauca Ñ, el Cabildo del 17 de octubre, también podría constituirse en un punto de inflexión en la historia de ese partido. Ese cabildo podría dar señales de la futura correlación de fuerzas entre estas dos facciones. Será una interesante y determinante demostración de fuerzas.
En el parlamento, también, donde existe todavía una bancada significativa leal al ala “evista”, la disputa es, y será, intensa entre “radicales” y “renovadores”. Se prevé una acérrima oposición. Una verdadera oposición del bloque “evista”, ya que los “oficialmente” opositores, no trascienden o no existen.
En determinado momento, incluso, está disputa podría trasladarse a las calles. Ya amenazaron de que, si inhabilitan al caudillo, hasta podrían “incendiar Bolivia”.
Finalmente, es importante advertir, sin embargo, que, en política, nada se puede descartar. Según el padre de la Escuela Realista de la Política, Nicolas Maquiavelo, la política siempre gira en función de los intereses. De modo que, por esas circunstancias y contingencias de la política, cuando los intereses, por ahí, vuelvan a ser comunes, nunca se puede descartar la posibilidad de una “reconciliación” y un “abrazo de Charaña”.



