Medio: Opinión
Fecha de la publicación: domingo 03 de septiembre de 2023
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Presente está en la memoria de la/os bolivianos los casi 14 años del gobierno de Evo Morales rodeado de un séquito de hombres y mujeres dispuestos a dar su vida, renunciar a sus principios, creencias y hasta familia para tener contento al jefe del proceso de cambio y líder indiscutible del Movimiento Al Socialismo, así como la generosa retribución del “jefazo”, a las muestras de amor de sus seguidores ubicando a clanes familiares en cargos mejor pagados de la administración pública o empresas del Estado sin tener la más mínima formación para los cargos que en circunstancias de relativa normalidad institucional, tendrían que ser ocupados por profesionales o técnicos idóneos
En ese gobierno, Luis Arce Catacora se contaba entre las personas más cercanas, de mayor confianza, incondicional y con un gran poder dentro el equipo de ministros; a él se le debe el manejo dispendioso de los históricamente inigualables ingresos que tuvo el TGN boliviano por los precios favorables de nuestras materias primas. Por la docilidad e incondicionalidad del por entonces Ministro de Economía, resultaba impensable que éste ponga límites a los malos manejos de su excelencia o al menos le alerte sobre las consecuencias futuras para su gobierno y el país. Tan obnubilado estaba el ministro Arce que todo le parecía digno de aprobación y aplauso; las fotografías aparecidas en los medios de comunicación sonriente junto a Evo Morales en su rol de conquistador de niñas que apenas habían alcanzado la edad de la pubertad, muestran sin lugar a dudas esa relación de gran confianza que rayan en la complicidad.
Hoy, que por voluntad y el visto bueno del dueño del partido y el voto popular, el turno de gobernar Bolivia es de Luis Arce Catacora, parece haberse roto el hechizo, tanto que van y vienen las acusaciones de corrupción, narcotráfico, autoritarismo y violación de derechos humanos, vertidas directamente por los hasta ayer íntimos o a través de sus emisarios; juego en el que sin rubor alguno cada uno se presenta como un dechado de virtudes, honestidad, inquebrantable compromiso con la democracia y el respeto a las leyes y la institucionalidad democrática.
Inexplicablemente lo que hasta ayer fue amor incondicional hoy se transformó en odio mortal, mientras la pobreza y la inseguridad van en aumento sin que el pueblo tenga algo que ver en la trifulca de alacranes.
Para colmo, mientras los dos bandos del MAS refuerzan un modelo de hacer política basado en el odio, la violencia, las amenazas, el transfugio y la deslealtad; en el resto de fuerzas políticas no se observa mayor esfuerzo en presentar un discurso alternativo que devuelva la ilusión de vivir en democracia de verdad.



