Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 14 de junio de 2023
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones judiciales
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La vida no es fortuita, tampoco es de fuerza mayor.
La vida es el producto del quehacer propio y ajeno, y por eso, como dijo Voltaire: “Cada hombre es culpable de todo lo bueno que no hizo”.
Cuando hay ausencia de bueno puede quedar un vacío, y según principios de Einstein algo lo va a llenar, y en este caso lo llenará el mal, y entonces buscaremos culpables.
El beneficio y el perjuicio que alcanza a todos, es resultado de la gobernanza, es decir de esa forma de gobierno basada en la interrelación equilibrada del Estado y la sociedad civil, para lograr el desarrollo económico, social e institucional, incluidos los procedimientos y prácticas mediante las cuales se deciden y regulan los asuntos que atañen al conjunto de la sociedad.
Y desde aquí ya estamos en culpa, cuando menos en culpa inconsciente, que es aquella donde no se quiere el resultado lesivo, ni siquiera se prevé su posibilidad: no se advierte el peligro, y sin embargo sucede; es el resultado de una elección popular donde unos votan para que alguien gane, y otros, simplemente para que otro pierda, ahí está entonces, como diría H. A. Murena, el pecado original.
Lo que sigue a la decisión popular donde una mayoría se impuso, es el destino elegido para los próximos cinco años con la esperanza de alcanzar resultados fastos, aunque no siempre sucede así, más por el contrario, es la corruptela la que sostiene y defiende la tal gobernanza, busca renovarla para un nuevo período, porque ya consiguió prolongarla.
La sociedad participa activa, y participa también pasiva. En el primer caso es parte de la gobernanza, integra su institucionalidad, gobierna -encubriendo el latrocinio-, y en el segundo caso ¡aprovecha, cuando no!, o simplemente resiste, soporta, y ante la prepotencia se doblega.
Los hechos van ocurriendo y la prensa los vuelve noticia, en el tráfago de los días leemos, escuchamos, releemos...con esa infoxia que nos domina, pasando de la indiferencia a la sorpresa, al asombro y la indignación.
El poeta de Sucre Ovidio Céspedes escribió entre sus versos alusiones a los “políticocos”, haciendo rima con los estafilococos, cerrando la estrofa con: ¡esto de la democracia, es cosa que causa gracia”. La forma de nuestra democracia está como queremos, por la cual votamos y por quienes elegimos.
Los periodistas escriben, la gente lee y le da su significancia, y cuando reprueba busca a los culpables y demanda castigo, frustrándose si en el intento la justicia se diluye con un juez venal.
Habida cuenta de cómo van quedando las cosas los afanes giran ahora entorno a las elecciones judiciales por voto popular, y el comentario por nadie desmentido de que la “justicia está mal en el país”. En un procedimiento curioso el Poder Legislativo preselecciona candidatos al Poder Judicial, los cuales serán finalmente elegidos por voto popular, y quienes a su vez designarán cientos de jueces, todo conforme a la Ley; por tanto, si resulta algo mal no sería correcto buscar culpables. Solamente quedará, como en otros casos, el “mea culpa”, y admitir la responsabilidad diciendo: “es mi culpa”.
Estas son consideraciones en lo que concierne al bien común, al interés colectivo con quienes garantizan los derechos fundamentales, allá ellos si no lo hacen ¡por favor! aquí nosotros, que elegimos, apoyamos o protestamos, diciendo además que deseamos un mejor país para nuestros descendientes, como si estuviéramos provocando tormentas para entregar un mar tranquilo para los nuestros.
Tampoco queda solamente repetir el “mea culpa”, su connotación ética implica enmienda, evitando la reincidencia, el propósito de cambiar, pronto, sin escudarse en el victimismo, o sea culpar a otros de conductas propias, mientras que por otro lado persistimos con el perogrullo de un país mejor para nuestros hijos.



