Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 11 de junio de 2023
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
No hace falta hilar fino para advertir que el presidente Luis Arce atraviesa por uno de los momentos más difíciles desde que empezó su gestión en noviembre de 2020.
En ese entonces, las incertidumbres eran muchas: cómo superar la pandemia, qué vendría con ella, cómo reponer la hegemonía del MAS después de un año del gobierno de transición, cómo resguardar el capital político de un 55% de respaldo en la votación y otras circunstancias.
Hoy, las certezas abruman. La pandemia ha sido superada, pero con ella llegó el tiempo de las vacas flacas para el Estado. De la bonanza que un día administró Arce como ministro no queda nada, y el modelo económico que le otorgó tantos laureles, declina moribundo. La escasez de divisas paliada con medidas coyunturales, la caída de los recursos de venta de gas y la falta de alternativas golpean a la economía sin que se avizore una solución estructural. Aunque el Presidente fue visto como un gurú económico, hoy tiene que remar contracorriente para disimular las cifras de la inflación, y para no admitir que el contrabando en las fronteras está descontrolado.
Pero no es ni de lejos el único problema del mandatario y su equipo, la corrupción y la penetración del narcotráfico son tan incuestionables que su mismo entorno ha tenido que admitirlo públicamente. A pesar de que él y sus ministros cierran filas para salir airosos de las interpelaciones legislativas, el desgaste ante la opinión pública es inocultable.
Dos ministros han sido descubiertos en flagrante corrupción y hay un par más sobre quienes pesan algo más que sospechas. En cuanto al ministro de Gobierno, uno de sus principales alfiles, abundan señalamientos por los endebles controles al narcotráfico; sin mencionar la sombría resolución que éste dio -junto a las fuerzas del orden y el Ministerio Público, que actúan en coro- a la muerte del interventor del Banco Fassil, o más recientemente, al escándalo de un vuelo de la aerolínea bandera nacional encontrado traficando cocaína a España.
Estas ya son suficientes razones para perder el sueño, pero hay más. La pugna dentro del MAS ha dejado de ser anecdótica para pasar a los hechos. Luego de una larga disputa de poder con el jefe del partido y exmandatario, Evo Morales, se ha pasado prácticamente al desmarque, a juzgar por la sentencia de Morales: “El MAS-IPSP no está en el Gobierno”; o “da miedo darse la mano con algunos ministros (porque reciben mucho dinero de la corrupción)”.
El propio exvicepresidente Álvaro García Linera, que había defendido la autonomía de Arce y pedido a Evo que lo deje gobernar, ha sido muy agudo en sus últimas declaraciones: “Luis (Arce), hoy está muy golpeado por temas de corrupción, por temas de la falta de liquidez de dólares, la pérdida de confianza de la gente”. De acuerdo con el exvicepresidente, Arce pasa “un mal momento”, en el que “el panorama se ha despintado de una manera acelerada”, y expresó que espera que esa situación lleve al jefe de Estado, antes de que se convierta en algo más duradero, a hacer las paces o a encontrar una coexistencia temporal con el líder del MAS. Dijo además que la gestión es muy lenta y está formada por “cuadros de tercera categoría”.
Habrá que suponer que tanto Evo como García Linera no pretenden, como tantas veces ha reclamado Arce en alusión “a la derecha”, derrocar a su gobierno sino reflejar lo que todo el país está atestiguando: que el contrabando, el narcotráfico y la corrupción han tomado los sitiales preferenciales en esta administración y que ya no es creíble que se los esté combatiendo caiga quien caiga, como suele decirse; que el prodigioso modelo económico no está respondiendo a las demandas de estos tiempos y que no se escuchan las respuestas que se espera de un estadista que fue apoyado por el 55% de la población.
Un mal momento, sin duda, para el Presidente. Pero, por desdeñables que sean las acciones que se descubren casi permanentemente en esta gestión, ningún boliviano quiere que las cosas vayan peor, arriesgando el futuro del país. Ojalá Arce entienda que un momento difícil puede también ser una oportunidad para reencauzar lo que le queda al mando de la Nación.



