Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 03 de mayo de 2023
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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No hay democracia de calidad si ésta no desarrolla procesos de ciudadanización, si no crea ciudadanos conscientes de sus derechos y obligaciones, ciudadanos informados y no prisioneros de prejuicios. Para analizar el desarrollo de la democracia no hay una única manera de hacerlo, por ejemplo, se puede acudir a la perspectiva de los derechos humanos, esta es una veta importante para analizar la calidad de la democracia, es más, tiene la ventaja de poseer una larga tradición, a la par, representa a una de las ópticas más modernas de tratamiento de la democracia. Tiene más importancia cuando los poderes fuertes, como el actual, hace 15 años violan los DDHH y desechan las libertades democráticas. En Bolivia se ha naturalizado la violación de los DDHH, todos los regímenes de distintos colores políticos lo han hecho, pero el MAS ha llegado al extremo.
Los derechos y obligaciones son un elemento central de la construcción de la democracia, pero se precisa dar un paso adelante que consiste en adoptar una óptica analítica que trabaje los derechos humanos a partir de una amplia de comprensión de los mismos, especificando derechos cívicos, políticos, así como los derechos económicos, sociales y culturales. De otra parte, es imperioso conectar la esfera de los derechos humanos con el impulso de los procesos de ciudadanización y la mejora de la calidad de la democracia. En nuestros tiempos el reto parece ser la construcción de una ciudadanía intercultural, democrática; pero en un piso resbaloso de monoculturalidad aymara.
En la perspectiva extendida de los DDHH, la exclusión política, social, económica o cultural, debe ser entendida como una limitación del proceso de ciudadanización o como una barrera al desarrollo de una sociedad democrática. Pisando la tierra, no hay democracia si no existe acceso a la salud y la educación, esto nos lo enseñó la pandemia con mucha intensidad; pero en Bolivia ambas cosas no existen. El camino hacia la mejora de la democracia debe ser comprendido como el esfuerzo de avanzar hacia la inclusión ciudadana: inclusión política, social, cultural, en especial de los sectores más vulnerables.
El enriquecimiento de la democracia no se alcanza únicamente con la participación de los sectores más vulnerables, ni solamente de los actores corporativos, -hoy dominantes en Bolivia, con los cocaleros a la cabeza-, sino que se requiere una población consciente de la necesidad de democracia. Pero, los actores corporativos, cocaleros, campesinos, indígenas, choferes, cooperativistas mineros y otros, tienden al autoritarismo y no adscriben a la democracia representativa. Si bien la equidad aconseja apuntar a los más excluidos, eso no implica dejar de actuar con el conjunto de la población, con las clases medias o las elites tradicionales, pues ellos también son bolivianos y requieren un proceso de ciudadanización, de asimilación de derechos y obligaciones, de comprensión de los derechos humanos y de acceso a éstos. La profundización de la democracia puede ser lograda por la vía del desarrollo de una ciudadanía activa, propositiva, de todos los bolivianos y no únicamente de los sectores más vulnerables, ni exclusivamente de los actores corporativos. La democracia no será tal, si ella está copada únicamente por cooperativistas mineros, cocaleros, campesinos, Bartolinas, transportistas; una democracia de este tipo, dominada exclusivamente por ellos es una democracia de mala calidad, pues ellos, además de autoritarios, por lo único que velan es por sus intereses sectoriales, sin importarles el interés general, éste debe ser velado por los actores ciudadanizados, y no agrupados en corporaciones clientelares que son dominadas por el poder. Empero, no deja de ser un reto democrático el diálogo entre actores ciudadanos y corporativos.
La Revolución de 1952 creó un poder corporativo, y por ello autoritario; no llegó a la construcción de la ciudadanía, pues a lo que apostó fue a la edificación de un régimen corporativo donde primaban los corporativismos de los mineros, campesinos y militares. En el proceso de cambio actual se ha construido un régimen fuertemente corporativo y autoritario, donde los actores corporativos, a la cabeza de los cocaleros, son la clave del poder. Este poder corporativo tiende a ser cada vez más autoritario, funciona bajo los códigos de amigo-enemigo, por tanto, no tiene capacidad de admitir ninguna crítica y pone en peligro la libertad de expresión y la democracia misma. Por tanto, el reto de la democracia sigue siendo la construcción de ciudadanía, pero intercultural, que impulse el diálogo y convivencia democrática entre todos los actores de la sociedad.
naturalizado la violación de los DDHH, todos los regímenes de distintos colores políticos lo han hecho



