Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 30 de abril de 2023
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Evocando a Víctor Paz Estensoro hace casi 40 años, sin embargo, ahora siento que la situación es peor, pues la pestilencia que emana del proceso de descomposición post mortem lo invade todo. Finalmente, la Bolivia de la Revolución Nacional, con el decreto 21060 fue muerta y sepultada y nació y creció la Bolivia neoliberal, que por más que los masistas sostengan que está muerta y sepultada también, deambula convertida en un verdadero zombie en el que conviven nacionalismo, liberalismo, “pachamamismo” y un socialismo espurio.
Aunque se ha probado de incontables maneras el carácter delincuencial del socialismo del siglo XXI, hay gente que sigue creyendo en eso. Las últimas fehacientes pruebas de la descomposición socialista, divulgadas en Bolivia durante los últimos días, de tan groseras llaman ya a la risa. Aunque los casos a que haré referencia son archiconocidos por todos, por lo representativos, indiscutibles y cómicos, creo oportuno citarlos y analizarlos.
José Rengel Terrazas, diputado del MAS. Para no caer en un discurso excesivamente irónico, no utilizaré el vocativo que se usa para referirse a diputados y senadores en nuestro país (“honorable”); le llamaré “licenciado”, pues según él mismo afirma, ejerce la función de catedrático en nuestra principal casa superior de estudios: Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Aunque, valga la oportunidad para mencionarlo, el ejercicio de la cátedra no garantiza nada, pues otro connotado socialista ejerció la cátedra sin contar con título profesional universitario alguno.
El licenciado Terrazas fue imputado por el delito de legitimación de ganancias ilícitas; el informe de la Fiscalía señala que el asambleísta realizó giros por $us 51 millones a cuatro países, sin embargo, el juzgado tercero de instrucción anticorrupción, cometiendo el más común y clásico hecho de corrupción, decidió otorgarle medidas sustitutivas a la detención. La agencia ANF logró contactarse con el abogado defensor, pero se negó a declarar. Todo mueve a pensar que Rengel, anticipándose a la crisis económica a la que, indefectiblemente, nos está llevando el socialismo de su gobierno, hizo escapar sus ahorritos.
Rengel no es cualquier socialista, es un representante nacional, representa, en primer lugar, a la cúpula de su partido y además a los miles de ciudadanos electores, quienes depositaron en él su confianza, para que los represente en la lucha contra la oligarquía capitalista neoliberal y “el imperio”. Además, sin duda, su nombre estará ya inscrito en el santoral de los socialistas del siglo XXI.
Por otro lado, se constituye también en un ejemplo para los cientos o miles de estudiantes que se iluminaron con sus enseñanzas y encontraron el camino de la revolución social. No se habló acerca de las cátedras que imparte, pero debemos suponer que recita, como el “Padre Nuestro”, El capital de Carlos Marx.
Como origen de su fortuna, no pudo menos que apuntar a la comisión del inocente delito de tráfico y venta de “autos chutos”. ¿Cuántos autos chutos tendría que haber vendido para acumular más de 51 millones de dólares? En todo caso ya estamos frente a un delito confeso. Se le debió confiscar el dinero y ponerlo a disposición de los ciudadanos que requieren divisas para actividades lícitas.
Días después conocimos todos, una denuncia que misteriosamente escapó de la cuenta de Carlos Romero (exministro de Gobierno) acerca de la creación por parte de Álvaro García Linera (en sus propias palabras) de una “estructura monstruosa de intereses económicos” en torno del Estado. Luego Romero se encargó de desmentir dicha denuncia con el argumento de que “había salido por error” de su equipo de comunicación. Cualquier persona “con un dedo de frente” se preguntará: ¿No tenía que salir aún la denuncia? O es que en el equipo de Romero hacen literatura de ficción y cuando lo creen conveniente, la publican como denuncia o noticia. En todo caso el ya famoso cartel de “ojitos de guapurú” es una organización criminal compuesta en su totalidad por socialistas del siglo XXI. No tiene sentido intentar explicaciones lógicas al sinfín de dislates que salen, cual escupitajos, de uno y otro de los sectores en pugna.
Hace pocos días Evo Morales habló de la expulsión de García Linera calificándolo de enemigo. Luego otros dirigentes más equilibrados que Morales dijeron que “aún no amerita la expulsión”. Es evidente el odio que destilan unos por otros, pero es más que evidente la complicidad que los une. Faltando días para la inscripción de candidatos para las elecciones del 2025 el odio se va a transformar en una repugnante melaza de reconciliaciones, de abrazos y perdones. Se van a hermanear como si nada hubiera pasado y van a culpar a las rogativas de las organizaciones sociales para la consolidación de una candidatura unitaria.
“A grandes males, grandes o mayores remedios”.
No hay, ni puede haber mal mayor que ser gobernados por delincuentes como Rengel y los otros innombrables e impresentables que se llenan la boca con la jerga socialista. Que entregan el país al capitalismo salvaje de la China comunista y las tierras más productivas, al narcotráfico.
Para reflexionar correctamente con respecto a la crítica coyuntura que estamos viviendo como nación solo hay que responder con sinceridad a tres preguntas:
¿Cuál es el sector de la población más afín y funcional al narcotráfico y al crimen organizado?
¿Cuál es el sector de la población más afín y funcional al autoritarismo y al capitalismo salvaje?
¿Cuál es el sector de la población más afín, funcional y mimado por el gobierno?
Luego de tal reflexión sólo nos queda oponer al socialismo del siglo XXI, la democracia del tercer milenio. Cabe recordar que todos los gobiernos socialistas accedieron al poder gracias a los procesos democráticos conquistados por el pueblo derramando sangre en las calles.
Si los falsos socialistas serán capaces de tragar sapos con tal de seguir robando, cómo la oposición no va a ser capaz de encontrar puntos de convergencia, limar asperezas y hacer lo propio. Pero es menester hacerlo ¡ya!. La posición más inteligente que he conocido al respecto es la de Samuel Doria Medina: Todas las organizaciones no masistas de oposición deberán constituir una alianza y dirimir el asunto del binomio en elecciones primarias. De todas formas, se pueden potenciar los liderazgos regionales y locales y copar las elecciones subnacionales. Como corolario de la estrategia: formular un plan de gobierno al que Bolivia diga sí el 2025.



