Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 23 de abril de 2023
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Referendos
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La crisis de la justicia ha tocado fondo hace un buen rato, mientras que la crisis económica asoma inexorable en el país. Estas dos realidades no pueden ser ignoradas por el sistema político, que hasta ahora se ha enfrascado en pugilatos destinados únicamente a hacer prevalecer sus intereses particulares en una pelea por el poder.
Ahora más que nunca, el país necesita que sus representantes, en un acto de desprendimiento, dialoguen y logren un acuerdo nacional para enfrentar este difícil momento. Los egoísmos de unos y otros pueden empeorar la situación y acarrear más dolor e incertidumbre para los bolivianos.
El gobierno de Luis Arce debe comprender que no podrá encarar ninguno de estos grandes problemas en soledad porque ni siquiera tiene gobernabilidad en la Asamblea Legislativa, puesto que ha perdido a la bancada que responde al expresidente Evo Morales.
La oposición, que bien podría votar con sensatez en temas económicos, no lo hace porque ve únicamente imposición y autoritarismo en todos los demás temas de agenda, particularmente en el proceso para copar, una vez más, las altas cortes del país.
Por eso mismo, es importante que al menos esos dos asuntos cruciales para la vida del país sean parte de un consenso nacional, que garantice, por un lado, la independencia del Órgano Judicial y, por otro, que evite el agravamiento de los problemas económicos.
El presidente Luis Arce tiene en sus manos este reto trascendental para el país porque es el llamado a generar el ambiente propicio para este encuentro entre bolivianos de todas las tendencias. Para eso, tendría que abandonar esa absurda competencia con Evo Morales, en la que ambos buscan mostrarse como el más duro, el más radical, el más antiimperialista, el más persecutor de opositores y, de esa manera, ganarse la fidelidad del núcleo duro del MAS.
Hasta ahora lo que ha hecho el Gobierno es buscar parches para la carencia de reservas internacionales y la escasez de dólares. Así, ha pedido a la Asamblea la aprobación de millonarios créditos, donde también se debate, sin ningún consenso, la ley que permitirá vender las reservas de oro del Banco Central de Bolivia.
Sin embargo, a estas alturas, cuando tres calificadoras de riesgo han aplazado el desempeño de Bolivia, los bonos soberanos del país se han hundido y hasta la revista The Economist ha advertido sobre el inminente colapso de la economía nacional; los parches no son suficientes, lo que hace falta es un plan estructural de reducción del déficit fiscal, que esté acompañado de un plan de financiamiento, para lo que se requiere, ahora sí, el apoyo de todas las fuerzas políticas en la Asamblea.
La admisión de que “no hay plata” en boca del vicepresidente David Choquehuanca, es un paso importante para encarar el problema. No hacerlo, impedía debatir con transparencia la urgencia de la situación.
Y, en el tema de la crisis judicial, el oficialismo ha apostado por repetir la fórmula: nombrar políticamente a los candidatos a magistrados y convocar a elecciones judiciales para que la gente sólo pueda elegir entre los postulantes del oficialismo. Eso, en vez dar una luz de esperanza en medio del calvario judicial, lo único que hace es profundizar la crisis.
Entre tanto, un grupo de quijotescos juristas termina hoy de recolectar las firmas para exigir una reforma constitucional y evitar que esa elección entre oficialistas se repita. Sin embargo, aún es pronto para saber si lograron su objetivo y, aún si lo hubieran logrado, necesitarían un plazo adicional y 4,5 millones de bolivianos para transcribir todas las partidas, como irracionalmente pide el Tribunal Supremo Electoral a sabiendas de que perjudicará un intento honesto y necesario para reformar la justicia.
Como se puede advertir, en este asunto tampoco hay luz al final del túnel para la gente, por lo que amerita que el sistema político llegue a un acuerdo de reforma judicial.
Seguramente son más los temas que necesitan atención, como la educación y la salud, pero nadie podrá dudar que la justicia y la economía son de más urgencia porque están sumiendo al país en un mar de desesperanza y oscuridad.
nunca, el país necesita que sus representantes,
en un acto
de desprendimiento, dialoguen
y logren
un acuerdo.



